Somos padres. Qué ilusión. Qué regalo. Qué afortunados y agradecidos con la vida. Qué maravilla.

Qué cambio. Qué complejo. Qué difícil. Qué esfuerzo consciente. Qué trabajazo. QUÉ RESPONSABILIDAD.

Si hay algo verdaderamente sensible en la vida y que requiere un alto nivel de responsabilidad personal, eso es la maternidad y la paternidad.

A menudo me encuentro con padres (yo misma al inicio de mi maternidad) que se frustran porque quieren recuperar sus vidas, quieren ser los mismos de antes, sus necesidades siguen primando por encima de las de sus hijos, quieren seguir haciendo las mismas cosas, teniendo el mismo tiempo libre, durmiendo igual, saliendo igual, etc.

Y cuando eso no pasa, que no pasa nunca, viene la frustración y la búsqueda de soluciones, que al final, acaban pasando factura a los niños.

Porque son ellos los que tienen que adaptarse a nuestra vida, a nuestros horarios, a nuestros ritmos, a esa casa llena de adornos caros que no pueden romper, a las dificultades que como sociedad tenemos para conciliar la vida profesional con su crianza, tienen que aprender a vestirse solos, comer solos, andar, hablar nuestro idioma, respetar las normas que rigen nuestra sociedad, dormir de un tirón, gestionar sus emociones, aceptar las nuestras, entender las normas del cole, prestar cuando no quieren, no enfadarse cuando a nosotros nos viene en gana, dejarnos tranquilos cuando salimos a comer, no llamar nuestra atención constantemente, aprender a sumar, a leer, ir con buena predisposición al cole, madrugar, relacionarse con sus iguales, explorar sitios distintos solos, ser independientes, dejar el pañal, dejar la teta….

Agotador. Lo peor de todo es que si no lo hacen al ritmo que consideramos adecuado, si no son como todos, si no llegan a los niveles establecidos como «estándar», es que no son normales.

Y yo pregunto siempre a mis pacientes y a los padres con los que trabajo ¿y qué es normal a ver?, ¿Qué narices es ser normal? ¿Ser idénticos? ¿Ser borregos? ¿Reaccionar todos de la misma manera, tener las mismas dificultades, los mismos ritmos, los mismos talentos, la misma luz, los mismos gustos, las mismas necesidades? BASTA YA.

Exigimos a nuestros hijos en sus primeros años de vida cambios brutales para ellos en poco tiempo, los etiquetamos como malos, buenos, desobedientes, raros, y un largo etcétera que da grima pero…¿y tú a ti mismo como madre o padre que te exiges? ¿Tú eres el normal, haces lo que hacen todos, piensas como todos y sientes como todos? Pues menuda mierda, con perdón.

¿Cuánto trabajas en ti como adulto, en tus miedos, tus frustraciones, tus adicciones, tu mala gestión emocional, tus dificultades para relacionarte con los demás, tus dificultades para conocerte a ti mismo?

Exígete tú como madre/ padre el 100%. Fórmate. Acude a terapia para crecer como persona y solventar tus problemas psicológicos. Acuérdate de cuando fuiste niño, de lo que necesitaste, de lo que te hirió, de los lastres que cargas por decisiones de tus padres desafortunadas, por etiquetas y por los niños adultos que jugaron a ser papás.

Desgraciadamente, a día de hoy, son muchos los nos que nacen en hogares regentados por mamas niñas y papas niños. Son adultos, aparentemente, pero están anclados en una infancia herida. Y jamás acudirán terapia. Y jamás se plantearán hacer las cosas de manera distinta, que nunca cortaran la maldita transmisión intergeneracional de todos esos prejuicios, creencias y maneras de regularse que cargamos.

Ser padre es la mayor responsabilidad que existe. No es un huevo que se echa a freír. No es responsabilidad del colegio, ni del profesional de turno. ES TUYA. Tienes en tus manos una influencia tan grande con tus palabras, tus actos y tus actitudes sobre otro ser humano, que da vértigo.

A veces digo que se debería hacer un examen profundo de competencia parental para permitir a las personas ser padres. Algunos se echan las manos a la cabeza, o se ríen pensando que lo digo de broma. Tal vez tú lo estés haciendo, pero lo digo muy en serio. Si tenemos que pasar un examen para conducir un automóvil, para ejercer una profesión de responsabilidad, ¿por qué no exigir un trabajo personal y una formación psicológica adecuada para poder ser padres?

Sí estás leyendo esto y eres madre o padre, ponte las pilas. Póntelas ya y observa todas esas conductas que juzgas en tus hijos, esas rabietas que tanto te desquician, esa actitud que no entiendes y pregúntate que responsabilidad tienes en ella.

Si tu hijo es altamente sensible o de alta demanda o ambas cosas, infórmate, busca profesionales formados en la materia, no veas problemas donde no los hay.

No los compares con sus hermanos, ni con los demás niños de clase, ni permitas que nadie lo haga.

No los compares contigo como adulto, ni como niño. Ellos son ELLOS. Diferentes, únicos, perfectos como son.

Coge todas las expectativas que tienes sobre tu hijo/a y tíralas a la basura. Deshazte de ellas, rápido, no lo pienses. Olvídate de lo que deseas para ellos, lo que esperas, lo que te gustaría o lo que es puñeteramente normal. Déjalo ser. Déjalos libres.

Y deja de ser un irresponsable. Hazte cargo de ellos. Empezando POR TÍ.


Sara

Enamorada de la vida y de las pequeñas cosas.

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