La autoestima es una palabra muy usada. La mayoría de las personas se interesan en buscar claves eficaces sobre cómo tener autoestima saludable.

Sin embargo, el concepto de autoestima no es siempre bien entendido, existen falsas creencias en torno a él, e incluso se habla de “no tener autoestima”, cuando tener tenemos todos, pero quizás no en los niveles sanos que nos permiten vivir de manera funcional y que van a influir en nuestro bienestar.

Nadie puede darte o quitarte autoestima, al menos en la etapa adulta ya que se ha comprobado, como en los primeros años de vida, en los que se forja nuestra personalidad, el trato que recibimos y lo que dicen los demás de nosotros nos influye de manera muy importante.

La autoestima hay que entrenarla, igual que un músculo, hay que darle “nutriente” para que se mantenga en buena forma, no es un elemento estático que permanece sino que en diversas etapas de nuestra vida y en función en gran medida de como nos tratamos a nosotros mismos, esta puede verse resentida gravemente.

En la práctica clínica, existe un denominador común en la mayoría de los casos de sufrimiento psicológico: Una pobre autoestima.

Esta baja autoestima parte de un auto concepto pobre, es decir las creencias que tenemos sobre nosotros mismos nos dañan y a menudo caemos en la crítica y el juicio constante.

Agresividad, ansiedad social, dificultades en las relaciones, conductas autodestructivas, entre otras, son las patologías que pueden tener de base, como un elemento clave, un importante déficit en el amor propio.

Existen varias clases de autoestima y es importante tenerlas en cuenta a la hora de trabajarlas en terapia.

En ocasiones la autoestima o el amor propio, se confunden con el falso orgullo o con el ego. En palabras de Nathaniel Branden, pionero en el estudio psicológico de la autoestima, esta es, “la experiencia de ser competente para enfrentarse a los desafíos básicos de la vida, y de ser dignos y merecedores de ser felices.”

El origen de una buena autoestima, se establece como he comentado anteriormente, en los primeros años de vida, en las experiencias y vínculos que tenemos en nuestra infancia y adolescencia, se ha visto como una crianza en un entorno saludable, rodeados de amor y de respeto y con unos padres o cuidadores que les han dejado tomar sus propias decisiones y les han dado un soporte emocional firme, influye de manera positiva en que esos niños, sean en un futuro, adultos con un buen amor propio y la capacidad de confiar en ellos mismos y respetarse.

Nada es garantía de nada en el ámbito psicológico, ya que además del entorno, influyen otros factores como la genética y los rasgos de personalidad, sin embargo será más probable desarrollar un concepto rico y sano de uno mismo en un entorno sano, que en uno en el cual exista maltrato físico o psicológico, por ejemplo. Aunque también existen personas con un factor de resiliencia, que desarrollarán un buena autoestima a pesar de las experiencias adversas que se le presenten en la vida. Esto sería un tema muy interesante para otro post.

En definitiva, los pilares para tener una autoestima sana son:

  1. Vida consciente: No mirar hacia otro lado frente a las emociones o situaciones desagradables que se presenten.
  2. Aceptación de uno mismo: Con nuestras luces y sombras, con nuestras virtudes y defectos, como seres imperfectos y que no podemos llegar a todo. De todos los juicios que emites, ninguno es tan importante como el que haces de ti mismo.
  3. Responsabilidad personal: Una autocrítica sana es necesaria para evolucionar y no culparnos ni culpar a otros de nuestras decisiones o estados emocionales.
  4. Propósitos vitales: Vivir una vida llena de valores y vivir acorde a ellos es esencial para amarnos y amar nuestro viaje. Ser coherente con nuestros valores, requisito imprescindible para una serenidad emocional.

La autoestima puede trabajarse, para ello es imprescindible que confíes en ti mismo en tu capacidad de evolucionar y de llevar una vida más saludable psicológicamente. El amor propio es imprescindible para disfrutar de relaciones de pareja y a todos los niveles, de calidad.

Eres una persona valiosa y es importante que te trates como tal. Cuanto peor te encuentres más necesitarás tratarte con comprensión y compasión. Siempre digo a mis pacientes, que es importante en los momentos de duda, preguntarte cómo tratarías y le hablarías a una persona a la que admirases y respetases profundamente. Esa es la clave de cómo hacerlo contigo.

“Quiéreme cuando menos lo merezca porque será cuando más lo necesite”.

Aquí os dejo un vídeo en el cual os cuento cosillas acerca de la autoestima sana.


Sara

Enamorada de la vida y de las pequeñas cosas.

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