Te levantas por la mañana y sabes cual va a ser tu día; cuidar a tu hijo enfermo, a tu madre o a tu padre hospitalizado o en casa, cuidar de tu marido o de tu mujer.

Tal vez no haya enfermedad por medio, solo crianza, un ser dependiente de tí al que alimentas, arropas y maternas 24 horas al día.

La cuestión es que otra persona es DEPENDIENTE de ti.

Acompañas, aseas, alimentas, vistes, hablas, das afecto, das ánimos, acaricias, sonríes, abrazas, das medicación, simplemente estas.

Y así un día y otro. Físicamente tu cuerpo protesta por un descanso que no es el adecuado, por una comida rápida o a deshoras, por ese café que no has podido disfrutar, por ese paseo al aire libre que hace tanto que no das. Pero resiste.

Tu mente te bombardea con mensajes confusos. Desde el no puedo más al lo voy a dar todo hasta el final. Todo es normal.

La tristeza te acompaña a veces, la ira, la frustración ese «Por qué a mi, por qué a nosotros» qué se queda en los labios sin pronunciar, hiriente y afilado que se pierde como el humo de un cigarro.

Te gustaría gritar. Escapar. Cerrar los ojos y que todo fuese un sueño. Volver a estar y a ser.

Pero tu realidad es la que es ahora. Tú cuidas, si. Pero ¿Quién te cuida a ti? Esa tarea solo puedes confiártela a ti mism@.

Dependes de ti querida. Dependes de tu aliento, de tu ánimo, de tu fuerza y todo esto es finito.

Si no te nutres física y emocionalmente «pincharás» tarde o temprano.

Por eso es importante;

– Saber que eres persona, que tienes límites, que tienes necesidades y no esconder (te) las, se consciente de ellas y escucha tu cuerpo.

Todas las emociones que surjan deben ser transitadas, expresadas, no reprimas nada porque en este proceso de cuidar, todas ellas son normales y lícitas y si las tapas o las rechazas, volverán con más fuerza. Saca, suelta, expresa.

Nútrete para tener reservas. Aliméntate de comida, de aquello que te hace sentir bien. Un poco de lectura, un baño tranquilo, una siesta, una película, un paseo, unas compras. Saca tiempo, aunque sea poco para tí. No lo dejes, es imprescindible.

No vivas en tu mente. A menudo el diálogo interno que tenemos nos afecta en nuestro estado de ánimo y en nuestra energía física. Independientemente de lo que pase fuera, elige estar seren@, hablate con comprensión, con cariño, no te juzgues por a veces querer estar en cualquier parte mejor que donde estás, por sentirte al borde de tus fuerzas, por no sentirte capaz. Piensa en positivo, aunque lo veas todo negro, piensa que cada noche antes de amanecer es el momento más oscuro.

Vive un día cada vez. No vivas en el futuro. Vive el presente. Cada día con atención plena, eso es lo único real aunque sea duro.

– En los procesos de cuidar a alguien dependiente, tanto en la crianza como en la enfermedad, es importante saber que hay poco que puedas controlar. La mayoría de las cosas que acontecen o estan por pasar, escapan de tu control. No puedes hacer nada o poco por evitarlas y es preciso fluir con ellas, cuanto más rechazamos las circunstancias más sufrimos. Aceptarlas con tristeza pero desde la serenidad nos dará otra perspectiva y otra manera de funcionar sin ahogarnos en vida.

-Escucha (te). Escucha tu cuerpo y no me refiero a las tripas cuando llevas muchas horas sin comer, el dolor de cabeza de la falta de sueño o el dolor de espalda por no cambiar de postura. No. Me refiero a escucharlo de verdad, respetando sus ritmos y sus necesidades. Si tu cuerpo quiebra, se acabó el cuidar y a menudo la enfermedad acude cuando no escuchas y respetas los ritmos a los que te llama tu cuerpo.

El síndrome de burn-out (estar quemado) a menudo aparece cuando la persona cuidadora se pierde, se deja y desaparece en los cuidados del otro. Es una fatiga mental, emocional y física que acaba con las reservas de la persona. Surgen entonces la apatía, el vacío, la depresión…

El maltrato a tu cuerpo con excesos: cafeína, nicotina, alcohol, ansiolíticos, pastillas para dormir… no hacen sino empeorar la situación y destruirte.

Tienes derecho a vivir tu vida. por mucho que signifique esa persona para ti, no lo olvides.

Pedir ayuda está bien. Pedir ayuda no es un signo de incapacidad. Pedir ayuda es fundamental.

En definitiva, madre, hija, esposa, hermana (todo con género masculino también) CUIDARTE PARA PODER CUIDAR.


Sara

Enamorada de la vida y de las pequeñas cosas.

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