Pues estoy pensando en que esto es durísimo. Así sin paños calientes. Hablo en primera persona y hablo en nombre seguro de miles y millones de personas que están viviendo este confinamiento en soledad.

A mi me gusta estar sola, forma parte de mi personalidad y de mi historia biográfica, fui hija única, con ese tipo de padres que jamás se tiran a una alfombra a jugar con sus hijos (la realidad) y tuve que desarrollar mecanismos de supervivencia basados en el disfrute de la soledad.

Me gusta relacionarme, pero me nutren mucho las actividades en solitario, el silencio, la lectura (mi evasión favorita), escribir… En definitiva, me agrada la soledad, la busco, la necesito y no, no es patológico.

¿Y por qué cuento este rollo personal? Porque no todos somos iguales. Para mi este confinamiento está suponiendo poco en tema logístico; trabajo en casa, salgo poco o nada entre semana y mi vida social desde que estoy criando dos hijos es muy reducida.

Echo de menos a mi familia, reírnos en torno a una mesa, discutir y hablar de trivialidades, lo normal, pero lo superaré y ellos también, sin embargo, hay personas que necesitan el contacto social como nutriente principal, personas cuya vida social era ajetreadísima, no conciben quedarse en casa (era un castigo) y estar solos les genera mucha ansiedad y tristeza, seguro que conoces a alguien así o tu mismo te sientes reflejado.

A vosotros va dirigida mi primera reflexión de hoy.
Porque no todos somos iguales. Porque cada uno gestiona como buenamente puede, con el nivel de conciencia que tiene o las herramientas que posee.

O no.

Yo me considero muy consciente, y tengo herramientas para aburrir (teoría sobre gestión emocional saludable, me dedico a eso), pero me pierdo. Me abrumo. Me agobio. Tengo explosiones de ira. Me deprimo. Y está bien.

Esta pandemia es una oportunidad para crecer como personas, para apreciar las pequeñas cosas, para conocerte a ti mismo, para hacer todo aquello para lo que no tenías tiempo, para saber más de los demás, para salir fortalecido, para unirte a tu pareja, para instaurar hábitos de vida saludables, para hacer ejercicio físico, para aprender un idioma nuevo, para…

Y también es una situación caldo de cultivo para desarrollar psicopatologías varias, depresión, trastornos de ansiedad, agorafobia, trastornos del sueño…

Y también es una situación para reventar psicológicamente hablando, para encerrarte más en tu mundo, para romper en mil pedazos tu relación de pareja, para caer en el sedentarismo más absoluto, para confirmar tus sospechas de que el mundo es un lugar hostil y aumentar tu pesimismo ante la vida, para amplificar por mil tus hipocondrias….

Y también es un momento para darte cuenta de la bondad del ser humano, de su incondicionalidad, de esos héroes que están en los hospitales día a día con jornadas extenuantes, los que están en residencias acompañando a los ancianos, los que están recogiendo cadáveres cada día, los que están contrarreloj buscando la clave para inmunizarnos de este bicho en un laboratorio, los que están recogiendo la basura y limpiando calles y hospitales…

Y también por que no, es un momento para ponerse medallas, para sacar cursitos de “cambia tu vida en 20 días”, “Se tu mejor versión”, ” Gestión de emociones durante el confinamiento” … No hay tonto para un remedio como dirían. Sacar tajada de la situación como buitres carroñeros (que no reinventarse por necesidad). Esto también es el ser humano.

Y es momento de quejarse joder, de patalear, de decir estoy hasta el c*** de todo, de esta espiral de vida, de no ver la luz, de echar de menos tiempos pasados, de ver fotografías de épocas de disfrute, risas, cubalibres y juventud.

No somos budas. Quien trabaja conmigo en terapia sabe que repito esto muy a menudo. No somos iluminados. Me encantaría serlo, pero en absoluto. Ni tú tampoco. Ni esta puñetera pandemia surrealista de serie de ficción conseguirá que lo seas.

Y cuando esto acabe serán mayoría los que no habrán aprendido nada, los que tendrán hábitos aún más sedentarios, los que no habrán leído un puto libro, los que no habrán hecho una meditación en su vida, los que seguirán poniendo zancadillas, criticando y jodiendo al prójimo, los que fumarán como carreteros y cuyas necesidades y prioridades no hayan cambiado. Los que seguirán ciegos a lo que no quieren ver y seguirán con su vida, algunos igual y otros más jodidos.

Habrá más epidemia de ansiedades y depresiones. Y los psicólogos tendremos más trabajo. Lo dudo. Las farmaceúticas se podrán las botas, eso seguro.

Y yo me acuerdo hoy, que se que estaremos quince días más en casa, de mis pacientes, de esos que van a salir fortalecidos de esta situación porque van a aplicar de forma intensiva todo lo trabajado. De los que van a sentir mucho miedo. De los que están solos con sus depresiones y su dolor. De esas mujeres encerradas con el puto demonio en sus casas pasando un infierno. De esas madres solas con sus hijos sin tiempo ni para respirar. Me acuerdo de esas personas que están intentando ahogar su sufrimiento en una botella tras otra.

Y es que no todos somos iguales. Esa es la verdadera realidad. Y esta pandemia no cambiará nada o tal vez si, sólo pone las cartas sobre la mesa. Las cartas de la realidad, de la tuya, que no tiene que coincidir con la mía.

Así que quéjate, llora, grita, enfadate, y mañana si ves que puedes y así lo decides, pide ayuda o decide hacer algo diferente para poder llevar esta situación lo mejor posible.


Sara

Enamorada de la vida y de las pequeñas cosas.

1 comentario

Luis · 15 abril, 2020 a las 17:29

Gracias por tener presente a todos. Los que están bien y los que no. Hay que hacer ese ejercicio de empatia.

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