Vísteme despacio, que tengo prisa

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Vísteme despacio que tengo prisa, Despacito y buena letra

Seguro que has oído infinidad de veces estas frases, del sabio refranero popular, que a mi tanto me gusta. Pero cuánto cuesta desacelerar cada día, y sobre todo cuando más prisa tenemos,  ¿verdad?

Pero la velocidad es mala consejera, siempre. Nos hace que se nos olviden cosas, que las hagamos sin pensar y luego caigamos en la cuenta de que están mal hechas, por lo que al final el tiempo que empleamos es el doble, más el añadido de la mala leche que nos entra por el cuerpo. A mí, en esas situaciones, me da por gritar una frase que mi madre decía mucho, en esas situaciones en las que vas a la carrera y todo parece congeniarse para boicotearte… “¡Si tienes prisa, siéntate!”, y es ahora cuando entiendo el significado de esas palabras.

Pongamos que es cierto, que el universo es un burlón que se carcajea, mientras cuando corriendo como alma que lleva el diablo y la “hora pegada al culete”, bajamos a la cochera y ¡maldición!, ¡tengo que volver a subir!, y cuando volvemos a subir y volvemos a salir, descubrimos que hemos vuelto a olvidar algo… ¿en serio?…

Yo he llegado a la reflexionada y estudiada conclusión de que al tiempo, hay que engañarlo, que se piense que nos sobra, que nos vea tranquilos…

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Pero aparte de ser mala consejera, la prisa, nos hace ir en piloto automático por la vida, sin apreciar lo que esta nos ofrece, sin darnos cuenta de los pequeños detalles, que son los que merecen la pena, sin reparar en aquella sonrisa o en esta melodía o en aquel olor embriagador. Vamos a toda mecha con el ceño fruncido y solo pensando en que tengo que hacer esto o aquello. Sin embargo, cuando acaba el día, lo hayamos hecho o no, es importante reflexionar, y darse cuenta de si realmente era tan importante hacerlo hoy, y valorar lo que he sacrificado del día por hocicarme a ello. Tener mil frentes abiertos, mil tareas por hacer, finalmente, nos carga de apatía y nos paraliza.

Ahora, se escucha mucho aquello del “Movimiento slow”, que no es más que una recomendación para retroceder en el tiempo, y volver a la época en la que no había cochazos, sino tranvías o carretas o mulos o nuestras piernas (que es más viable hacerlo ahora y mas sano). Olvidarnos de la televisión, esa caja loca, que nos entontece y en la que casi nada merece la pena de ver. Coger un libro, deleitarnos y hacerle un favor a nuestra creatividad y a nuestro cerebro. Practicar el cara a cara, para variar, dejar el WhatsApp, decir te quiero a la cara, sin enviar un TQ y un corazón.

Bajar el ritmo. Inspirar profundo y cerrar los ojos, sentir nuestra conexión con lo que nos rodea. Dejar que la brisa fresca de la mañana roce nuestra cara. Sonreír. Desprendernos de todo aquello que no nos sirve, hacer limpieza de armarios, y no adquirir todo lo nuevo que sale en el mercado,  ¡Porque lo necesito! Tremenda afirmación y tremenda esclavitud.

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Esclavitud, que nosotros no hemos vivido de niños, esa infancia en la que saltábamos a la comba, jugábamos al pilla pilla o al escondite, la rayuela era una tradición cada tarde y soñábamos despiertos imaginando historias con nuestros juguetes. Sin embargo… ¿Por qué nuestros descendientes si la tienen? Necesitan un Ipad o dos, y el último smartphone y…

Me da mucha pena, porque muchos niños serán adultos con un cerebro pobre, muy pobre, y muchos adolescentes nunca sabrán lo que es pasar una tarde con la única compañía de los amigos, la conversación y unas pipas.

decoración_boda_tazas_vintage_7Ellos hacen lo que ven, son un reflejo de en lo que nos hemos convertido. Es más fácil darle a un niño un Iphone para que se calle que jugar con él…Pelos como escarpias. Seamos modelos de la vida slow. No dejemos que esa tradición de nuestros abuelos de menos es mas, se pierda. Esas conversaciones en familia, con risas, juegos de cartas y SIN MÓVILES EN LA MESA. Esos silencios que dicen tanto. Esos detalles tan pequeños, pero cuyo valor es incalculable.

Yo me declaro seguidora férrea de conservar esta visión de la vida y así me esforzaré por hacerlo con mis hijos. No quiero que vivan sin saber lo que es el significado de una mirada o como ser felices con solo oler un bizcocho recién hecho. Me niego.

Te recomiendo una página muy bonita, hecha a fuego lento, para la gente sin prisas, “Universo Flow”, donde escaparte a leer cositas deliciosas y a parar un poco el mundo… Ya me contarás que tal.

Baja la marcha…

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