Rabietas en niños pequeños.

Todo aquel que está inmerso en la crianza, sabe que las rabietas o pataletas son el pan nuestro de cada día. Sin embargo, no por ser comunes son fáciles de gestionar. La mayoría de las veces los padres tiran la toalla cansados, estresados y sin ganas de oír al niño más. Pero la manera más fácil es a menudo la más contraproducente, ya que sin ser conscientes de ello reforzamos y aseguramos la permanencia en el tiempo de esta respuesta tan desagradable de los más peques.

Las rabietas hay que clasificarlas en las que emiten los menores de cuatro años (de las que voy a hablar en este post) y las de los mayores de esta edad que ya trataremos otro día.

Las rabietas de los más pequeños, los menores de cuatro años se diferencian en dos tipos:

  • Las instrumentales, es decir las que tienen un objetivo por parte del niño. Cuando tras una rabieta el pequeño consigue lo que quiere, este aprende que esa conducta le trae beneficios, lo que hará que siga emitiéndola y reforzaremos, dándole lo que quiere, que siga pidiéndolo así. Si bien es cierto que es a partir de los cuatro años cuando se incrementa este tipo de rabietas, comienzan bien temprano en muchos casos y es importante dejar claro desde el principio, que con esa actitud no va a conseguir lo que desea. Cuando se calmen, es momento de razonar con ellos.

QUÉ HACER ENTONCES: No negociar. No ceder al chantaje. Si has dicho NO lo que ha iniciado la rabieta, no digas luego SI porque estas cansado. La CLAVE: Paciencia y constancia. No pierdas la calma.

  • Las emocionales: Los niños pequeños tienen aún el cerebro en pleno desarrollo y no están formadas todas las áreas relevantes que nos ayudan a gestionar nuestra conducta. Su cerebro superior, encargado de razonar y autocontrolar, está aún inmaduro por lo que es muy común que su cerebro quede literalmente atrapado por su amígdala, tan pequeña y tan poderosa. En estas rabietas, los niños entran en un bucle del que no saben salir aunque quieran. Nuestra labor aquí, es impedir que se hagan daño o hagan daño a otros y acompañarles con paciencia y cariño hasta que salgan de la espiral. El ayudarles a focalizar su atención en otra cosa, les ayudará a salir.

QUÉ HACER ENTONCES: Cariño y distracción. CLAVE: No intentes razonar. Paciencia.

Lo más importante para poder gestionarlas de manera correcta es saber diferenciarlas.

  • En las intencionadas podrás observar que si le das lo que quiere la rabieta cesará.
  • En las emocionales nada le calmará.

En ambos casos es importante CONEXIÓN ANTES DE CORRECCIÓN. 

En los más pequeños, el binomio sueño-hambre es una bomba de relojería que propicia las rabietas de tipo bucle emocional. En este caso, es importante prevenirlas en la medida de lo posible. En los menores de tres años, su incapacidad para comunicarse también influye en que se frustren a la hora de hacerse entender y que en situaciones de cansancio y/o hambre, tengan poca paciencia y todo les resulte molesto. El aburrimiento aunque necesario a veces, también puede convertirse en un disparador.

A partir de los 18 meses y hasta los cuatro años, son muy comunes y normales, ya que es su manera de decir no a cosas que les queremos imponer los adultos y también dependerá de su temperamento, que ya puede verse desde la primera infancia.

En muchos casos (camiseta roja o verde, coger pelota, ponerse guantes….), es importante plantearte como padre si lo que quieres que el niño haga o no haga realmente tiene tanta importancia. No se trata de ceder al chantaje de manera sistemática, sino de valorar en que medida es tan relevante esa cuestión y podremos así ahorrarnos la rabieta de turno. Pedirles opinión, ahorra muchos problemas.

Los niños son reflejo de sus padres y en muchos casos, si su conducta de pronto empieza a transformarse sin causa aparente y está todo el día malhumorado, nervioso y con tendencia a las rabietas, debes plantearte TU ESTADO EMOCIONAL COMO PADRE/MADRE, ya que el estrés es contagioso y en etapas de estrés en casa este se propaga como la pólvora, afectando a los niños.

Recuerda sobre todo, que son niños y que nuestro papel como adultos es ayudarles a modelar sus emociones, no a reprimirlas. Para ello ser modelos de una buena gestión emocional y hablar sobre ello cuando estén tranquilos es fundamental.

No juzgues ni etiquetes NUNCA en estas  situaciones, ya que aunque las rabietas son TEMPORALES (relativamente porque los adultos también tenemos pataletas de vez en cuando) y pasarán igual que casi todo en la crianza, los juicios de valor que hagas sobre tu hijo y las etiquetas que les cuelgues desde pequeño, a saber (llorón, desobediente, caprichoso, vago, malcriado, tonto, etc) prevalecerán en el tiempo y al final en muchos casos acaban creyendo eso que les hemos dicho de ellos, como una definición cierta (profecía autocumplida que llamamos los psicólogos).

Cuidado con las neuronas espejo que se encargan de que nos contagiemos rápidamente y acabemos más enfadados que el niño. Busca el autocuidado como madre o padre,(cuidarte para cuidar TAN IMPORTANTE), tu tiempo, tu espacio, para poder gestionar estas situaciones desde la serenidad y el cariño que se necesita de tí como adulto y como padre.

La clave es no perder la conexión con tu hijo, está comprobado como los hijos más conectados emocionalmente con sus padres, son menos propensos a las rabietas. No lo rechaces, acompáñalo en esta etapa de aprendizaje. Valida sus emociones ayudándole a gestionarlas de manera saludable.

“Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite”. 

Espero que te haya servido de ayuda. No olvides dejar tu comentario o duda al respecto.

Besos.

 

Sara.

 

Aquí te dejo el vídeo en el que hablo sobre este tema.

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