El valor terapeútico de la escritura

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Escribir es aliviar el alma de peso, liberar emociones, pensamientos y ambiciones ocultas. Secretos deseosos de ver la luz, de gritar su libertad y volar hacia la luz. Escribir es darse la oportunidad de conocerse, de saber quien eres en realidad, plasmando letras cargadas de magia, de sentimiento.

El cuerpo habla lo que la boca calla, por eso es preciso si la boca sigue sin abrirse, que esas palabras que se agolpan en tus labios sin ver la luz, salgan, broten, manen liberando presión y soltrando lastre. Dejar que tus dedos cobren vida propia y bailen sobre un teclado al ritmo de la liberación, del alivio de lo opresivo, mostrando a quien guste leerte, que quizás no está solo, que la complejidad de su mente no es tal, que lo incierto, angosto y veces frustrante, de la travesía de la vida, lo es para todos.

Vaciarse por completo, con vomitona de palabras cargadas de significado, danzando y cobrando vida, siendo ya por siempre eternas, formando frases que pesan, que a veces hieren, que retuercen la boca del estómago e impiden conciliar el sueño.

Escribir, implica tomar distancia, aclarar ideas, lamerse las heridas y valorar lo presente. Escribir te chiva quien eres en realidad, descomprime tu ser y permite compartirte, compartir similitudes o tal vez diferencias que acercan, que distinguen, que te hacen único.

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Las palabras se las lleva el viento, pero escritas ya no, ya son perennes, perpetuas y en su permanencia dejan de pertenecerte, para pertenecer al mundo, al universo, al todo. Fundidas con miles de instantes más, que antes que tú otros escribieron, entrelazandose con emociones y pensamientos ajenos, tejiendo una red miscelánea de sinsabores y deliciosas reflexiones.

Reflexiones exquisitas y delicadas, que nos hacen ser diferentes al resto de seres vivos, que ponen de manifiesto una capacidad emocional que a veces asusta.

Escribir le planta cara al miedo, a la soledad y a los contratiempos, deja de lado la apatía, y te da la solución, desenmascara la realidad, te la sirve en bandeja, lista para ser digerida, asimilada, transformada.

Escribir, debería ser asignatura obligatoria, para poder poner válvula de escape a nuestras pasiones y tormentos, para ayudarnos a crecer, a conocernos y a conocer…

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Yo escribo porque me gusta, porque me resulta estimulante y terapeútico. ¿Y tú, lo haces?

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2 comments to El valor terapeútico de la escritura

  • Yolanda  says:

    Hola! Yo no soy buena con las palabras, no tengo ese don! Pero sin embargo, cuando era niña aún, empecé a escribir en folios todo aquello que sentía, cuando estaba en el instituto, se multiplicaron las hojas que llenaba con mis emociones.. E incluso en la universidad me encerraba en la habitación con la intención de estudiar y, se me iba el Santo al cielo…y escribía y escribía… Siempre después lo rompía todo a pedazos y lo tiraba a la papelera, nunca lo guardaba!!! Pero es curioso como me ayudaba aquel sistema que no sabía entonces si óptimo pero sí que era entre el papel, el boli y yo, y nada ni nadie más… aunque me hubiera gustado saber expresarme mejor y compartirlo con el mundo, porque si alivia en la intimidad imagínate… Siempre me ha dado rabia no saber expresarme como quisiera, porque he tenido y tengo mucho que decir…
    O sea, que si, que una vez más no encuentro el modo más elegante de decirlo pero tienes razón y aconsejo a todo el mundo que siga tu sugerencia (que tú si que sabes hacerte enetender).
    Gracias, como siempre.
    Un abrazo!

    • Sara  says:

      La sinceridad del alma es la mayor elegancia querida amiga. Se te entiende perfectamente. Para transmitir, solo tienes que sentir pasión por lo que dices y CREER EN TÍ. Besos y gracias por leerme 😉

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