El poder de la palabra.

 

 

 

“Se impecable con tus palabras” -Miguel Ruiz-

 

El poder del lenguaje, ese que nos hace humanos y que nos diferencia del resto de especies animales, es ilimitado.

Nos permite comunicarnos a través de códigos establecidos previamente, a los que llamamos “idioma” y que es necesario conocer para que el mensaje pueda ser comprendido. Nos hace únicos en nuestra especie y nos capacita para procesar la información de una manera que ningún otro animal es capaz, hablamos del pensamiento, ese ambiguo amigo que nos acompaña, pero este tema da para otro post, continuemos con el lenguaje.

Dicen que las palabras se las lleva el viento pero…¿es cierta esta afirmación? Las palabras, dice Miguel Ruiz en su libro “Los cuatro acuerdos”, son pura magia, magia blanca si las basamos en el amor y el respeto, si somos cautos en su uso y les damos el valor y el potencial que realmente tienen. Magia negra destructiva y cruel si las usamos desde el rencor, el odio y la destrucción, con capacidad de manipular, son una verdadera arma en potencia.

Hitler a través de la palabra “comió miles de mentes” y llevó al mundo a una guerra de extrema crueldad y actos de una maldad no humana. Sólo con su palabra.

A diario veo a pacientes adultos que cargan “una pesada mochila”, llena de frases de sus padres, etiquetas, juicios de valor que los limitan y les influyen en su manera de ver el mundo y de verse a ellos mismos.

Poderosa sin duda la palabra.

Pero hay que tomar conciencia de ello, no pensar que las palabras se olvidan porque las palabras se clavan en lo más profundo de la psique humana, destruyen parejas, destrozan familias, destrozan personas. A veces lanzadas sin pensar, estando en la cresta de la ola, sin saber cuán dolorosa será la herida infringida.  Otras con un objetivo claro: destruir.

Se impecable con tus palabras, piensa antes de hablar, valora si lo que vas a decir es necesario y sobre todo cuál será el efecto. Tus palabras dicen mucho de ti, de tu compasión y de tu capacidad de amar.

Cierra los ojos y recuerda esas palabras que se quedaron en tu corazón y te golpearon duramente. ¿Dónde están esas palabras? ¿Las cargas como pesados lastres? ¿Te han influido en la manera de relacionarte con los demás, en tu concepto de ti mismo/a?

Ahora haz lo mismo con esas palabras que te llenaron de vida, de amor y de ilusión. Siente su fuerza y como las atesoras con esmero.

Poderosa sin duda la palabra.

Se impecable con lo que dices, si le dieras más valor a tus palabras, valorarías más tu silencio. Cuando estés de mal humor, recuerda que ese estado emocional pasará, pero lo dicho quedará dicho. Recuerda con quién estás hablando, a menudo nuestras palabras más hirientes las dirigimos a las personas que más queremos. Se coherente con quién tienes delante, no te dejes arrastras por tu estado anímico.

“Solo hay dos cosas que nunca vuelven atrás, la palabra pronunciada y la oportunidad perdida”. 

 

A veces se transmite más y mejor con un gesto, un abrazo, un beso, un silencio.

Que temido y que maravilloso el silencio, ese que habla más que muchas palabras, ese que es tan preciado y tan necesario cuando solo hay ruido de palabras vacías a nuestro alrededor. No le temas al silencio, aprende a callar cuando corresponda, cuando la otra persona lo necesite y si no sabes que decir, no digas nada.

“No recordaremos las palabras de nuestros enemigos, sino los silencios de nuestros amigos”. Martin Luther King JR. 

 

Yo siempre digo que la manera en la que expresamos nuestras ideas es muy importante; como hablas y las palabras que usas, son un reflejo de cómo piensas y como consecuencia de cómo actúas.

Cuida tus palabras, enriquece tu vocabulario, viaja a través de los libros y sus historias, transpórtate con las palabras dichas en las canciones. Toma conciencia de LAS PALABRAS, esas que usas a diario sin ton ni son. Usa estas que ahora estás leyendo, las que me permiten estar llegando a ti ahora, para darle la importancia que tienen. Aprende a usarlas de manera positiva (puedes ver un Minipsicovídeo aquí sobre ello).

Desde el respeto, desde el amor, desde la amabilidad, plantarás semillas poderosas en el corazón ajeno, podrás sanar heridas, podrás acompañar al que sufre en su camino, darle la mano.

Ese en definitiva es mi trabajo. Usar las palabras correctas en el momento preciso y callar cuando corresponde, escuchando ese silencio que habla a gritos. Complicado. Apasionante.

“Valgo más por lo que callo que por lo que cuento”

 

Se discreto/a, transmite confianza, aprende a guardar ese mensaje en forma de secreto, de intimidad o de regalo que te brindó otra persona. No hables de otros a su espalda, no critiques, no chismorrees. Esa manera de comportarte dice mucho de ti como persona. Es para pensarselo.

Poderosa sin duda la palabra.

La que te permite poner límites al otro, protegerte y proteger, transmitir, dar las gracias, pedir perdón, decir te amo.

“Yo no me callo nada” dicen algunos. Pues calla. Calla algo y a los que te rodean les harás un gran favor y a ti mismo/a sin duda.

 

“Me gusta cuando callas porque estás como ausente…”. – Pablo Neruda-

 

Se impecable con tus palabras, con su poder y su alcance y el cambio en tu equilibrio mental y en tus relaciones será notorio.

 

“Las palabras cortan más que los cuchillos, ellas no perforan la piel, rasgan el alma”.

 

 

 

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