Cuando la infidelidad nos golpea

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Pensaba comenzar este blog con otra temática distinta, pero empezaré hablando de esta. Un tema candente, frecuente y que duele. Duele mucho. En mi vida personal, nunca lo he vivido de manera directa (no que yo sepa al menos…), pero siempre estuvo muy presente en mi realidad, desde niña, me inquietó, me dolió, vi sufrir a personas que amaba, cambió mi vida…

Y posiblemente siempre viviré con ese temor, aunque conviva con ello, aunque haya superado, será una carta, con la que tendré que contar siempre en mi baraja, como todos…

Al intentar ponerme en el lugar de otro, siento una presión importante en mi interior, y una gran pena. Un VACIO. Así es como definen generalmente las personas víctimas de infidelidad esta experiencia. Un gran vacío. Tras la incredulidad y la negación iniciales, llega eso. Esa sensación de traición por parte de la persona amada, de nuestro compañer@ de viaje. Un golpe duro a nuestro ego, que nuestra mente no dejará de masticar y masticar y decirnos que es por algo, que tenemos la culpa, que hicimos tal o que dejamos de hacer cual. Déjala. Olvídala. Dile “gracias mente” y no le des protagonismo. El proceso de superación de una infidelidad es similar a un duelo. En el duelo psicológico cuando fallece una persona querida, los pasos son los mismos, sobre todo si es inesperado:

–          Incredulidad, impacto/ choque inicial.

–          Negación.

–          Culpabilidad y rumiaciones cognitivas (no pensamos en otra cosa).

–          Ira e impotencia.

–          Progresiva asimilación y readaptación de nuestra vida.

El último paso es imprescindible para superar esta experiencia. Readaptar. Reorganizar nuestra vida con nuestra nueva situación. Quizá hay hijos, casa en común, proyectos, lazos…Pero hay que pasar por todos. Es lo natural. No intentes pasar al último de golpe, a la larga no te hará bien. Llora, grita, desahógate. ES NORMAL.

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Lo que más duele es la rutina. La ruptura de una rutina que teníamos con esa persona, la confianza traicionada y el amor. Tras lamernos nuestras heridas, debemos continuar. Pensar que todo tiene un por qué. Pero a su debido tiempo. Esto es imposible al poco tiempo de conocer la noticia. Debemos valorar nuestra nueva situación y comenzar una nueva vida, sin esa persona…o con ella.

¿Acaso no está el perdón entre las posibilidades? “Ni de coña”, pensareis algunos, “no sería nunca igual”, “viviría con ese miedo”. Pero es que vivir con miedo es inútil. Lo que tenga que pasar, pasará. Si piensas que esa persona merece la pena, debes valorar un perdón. Pero un perdón de verdad, sin reproches, sin trapos sucios, sin venganza. Eso es complicado para la gran mayoría de las personas. Afecta a su vida sexual y a su confianza. Por eso, es necesaria la ayuda de un terapeuta. Ir a terapia de pareja juntos, adquirir ese compromiso y empezar de cero, pero juntos. La pareja puede salir fortalecida en muchas ocasiones de esta experiencia. Es una opción.

La otra opción es empezar de nuevo, pero sin esa persona. No se acaba el mundo. Aunque duela, hierva, queme y desgarre por dentro. Con los días, ese dolor se irá mitigando. No se olvidará, es posible, pero se DEBE superar. (Aquí entra en juego la Resiliencia, hablaré de ella más extensamente, en otra entrada). Hay que trabajar muy duro, pero se consigue. Ten una actitud mental positiva, recuerda, que las cosas tienen el valor que nosotros les damos, y levántate de nuevo. Levántate una y mil veces y recupera tu vida. Si eres joven, conocerás a mil personas más en esta vida, si no lo eres tanto, igual. El amor y las relaciones de pareja, no tienen edad (es la verdad), y esas cosas fluyen cuando menos lo esperas. Si ves que no puedes por ti mismo, pide ayuda. No pasa nada, para eso estamos los psicólogos. (Aunque haya mucha gente desgraciadamente que aun piensa que trabajamos con “locos”…pero bueno.) Hay gente que dice que preferiría vivir engañada toda la vida “ojos que no ven, corazón que no siente”, quizá para no sufrir ese atentado brutal al ego, quizá por comodidad y no querer salir de su zona de “confort”. Eso sí que es triste. No querer ver la realidad, no querer enfrentarte a la vida y salir ahí a recuperar tus ilusiones y a vivir lo que la vida tiene planeado para ti. No lo hagas.

De cerca viví a nivel personal, lo duro y hondo que puede llevar un ego herido a alguien, cuando no quiere aceptar, no quiere asimilar. No quiere darse otra oportunidad. Piensa en tus hijos, en tus amigos, en la gente que te valora. Y sobre todo EN TI. No tiene nada que ver contigo.  Pasó, porque tenía que pasar. Porque esa persona no era para ti. Porque hay alguien diferente y especial esperándote. Porque tienes derecho a ser feliz y a vivir tu vida con plenitud. Solo se vive una vez. “Ya está la gurú de la felicidad con sus gilipolleces de fantasía” – pensareis algunos. Pero yo hablo en primera persona. Siempre. Nunca hablo por manuales o conceptos que estudie en la carrera y que no he probado. Como dije al inicio, es un tema para el que soy muy sensible. Porque lo viví y lo sufrí. Quizás más doloroso que si fuese en mi propia carne. Aún sufro las consecuencias de que alguien importante en mi vida, no hiciese el último paso. Ni haberlo intentado. Hay quien dice que el ser humano, inventó la monogamia, (no en todas las culturas) y que es un atraso que hace daño a nuestra especie. Que no es natural. Como gustos colores. Lo que sí es cierto es que la cultura nos limita, porque nos hace sufrir. “Es que era mi marido/mujer”, “Teníamos hijos en común”, “una casa”…”Me juro fidelidad”. Es cierto. Lo pactasteis. Pero puede solucionarse. Valóralo. No dejes que se enquiste, y sobre todo si tienes hijos: Sé coherente. Sé adulto. No los uses para vengarte, ni critiques a la otra persona en su presencia. Ellos están fuera de vuestra historia. Una cosa es la pareja y otra la paternidad. Se responsable. Pero este es otro tema del que ya hablaremos en profundidad en otra entrada.

Pero ¿qué pasa, cuando el infiel eres tú?

Hay personas cuya moral esquiva, les permite vivir doble vida, incluso triple o cuádruple. No los juzgo. Cada uno determina, cuáles son sus creencias y cuál es su forma de vivir, pero ojo, cuando es recíproco, ya que tú libertad termina donde empieza la del otro. Si en tu pareja sois liberales y así se ha hablado ¡estupendo! Es una forma de vivir el amor y la sexualidad muy respetable. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones hablamos de “infidelidad” precisamente porque esto no es así.  Un déficit en la comunicación de la pareja, hace que está se deteriore, no se supere la rutina, la vida sexual quizá se empobrezca…y mil cosas más. El hecho de casarse tener hijos y madurar juntos debería ser una fuente de acercamiento, pero a veces no es así. No es así, porque no nos molestamos en preguntarle al otro como se siente, ni en comentarle como nos sentimos nosotros. Si estamos apáticos, faltos de pasión, o con dudas…es mejor hablarlo, que la otra persona se ponga las pilas y nosotros mismos, innovar, trabajarlo juntos, porque donde hubo fuego siempre quedan ascuas… Pero si la no comunicación, es nuestra forma de interactuar, mal asunto. Buscamos refugio en cosas ajenas a nuestra casa, placer en cuerpos ajenos y nos enamoramos de una mosca, solo porque es diferente. Es importante identificar cuando la pareja está en crisis, y hablarlo. Ir a terapia, lo que sea. Reconocer de nuevo, qué me enamoro de esa persona y qué la hace tan especial para mí. Pero no nos engañemos, a veces, realmente no hay vuelta atrás, y quizá hemos dejado pasar demasiado el tiempo, y nada de lo que la otra persona haga o de lo que intentes hará que esa pasión vuelva. Eso pasa. No pasa nada. Debéis continuar por caminos separados. Con respeto, con madurez. Por todo lo que vivisteis y lo que tenéis en común, si hay hijos. Recordando lo bueno. Sí, ya sé que tras una infidelidad, solo recuerdas lo malo, le haces vudú, deseas con fuerza no haberle conocido, le odias, le… Pero tras ese vendaval de emociones negativas, vendrá la calma. En esta etapa de frustración y rencor, dejemos que fluyan estos sentimientos, no los engrandezcamos, no nos revolquemos en ellos. Pasaran. Son normales. Se irán, como se alejan las nubes tras una fuerte tormenta. No digas nada que pueda herir al otro, ni tomes decisiones en esa etapa. Espera a estar sereno.

Y cierro, con una frase que leí hace años, y desde entonces la tengo presente, y la intento transmitir a mis pacientes en esos momentos de angustia e incertidumbre. “Si quieres a alguien, déjalo ir. Si vuelve a ti, es tuyo. Si no vuelve, es que nunca lo fue”.

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2 comments to Cuando la infidelidad nos golpea

  • ANABEL  says:

    Lo has clavado Sara me ha encantdo yo si lo viví en primera persona y estoy totalmente de acuerdo con toda las fases jeje

  • Madhav  says:

    Infidelidad, que tema tan recurrente.Creo que la siutacif3n en la que se produce la infidelidad es determinante a la hora de plantearse el perdf3n . Lo escribo entrecomillado ya que bfa que9 nos referimos con perdf3n? bfA hacer como que nada ha pasado o a aceptarlo y realmente no tenerlo en cuenta? Es algo muy difedcil de perdonar, rompe la confianza en la pareja, es algo que muy difedcilmente se olvida.A quienes considerar que la fidelidad, la monogamia, no entra en la naturaleza humana, ya que en nuestra condicif3n de animal somos la fanica especie que la pre1ctica empujados por el influjo de la sociedad y las normas morales. Claro que tambie9n, somos el fanico animal racional Lo que este1 claro es que quie9n quiera justificarse siempre encontrare1 una razf3n y que no hay peor ciego que el que no quiere ver.

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