Adicción al móvil

 

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El teléfono móvil, se ha convertido en nuestros días en un imprescindible, es una prolongación de nuestra mano. Jóvenes y no tan jóvenes, dependen de este adelanto tecnológico para salir a la calle.

Estar localizado, es algo importante, máxime cuando somos autónomos y nuestro trabajo depende de ello. Eso está muy bien. Sin embargo, son pocos, los que hoy en día disponen de un teléfono con el que solo se pueda llamar y enviar mensajes de texto.

Los dispositivos móviles, ya vienen dotados de conexión a internet, con la que podemos navegar, entrar en las redes sociales, oír música, y escribir mensajes de manera síncrona a través del conocido WhatsApp e incluso tomar fotografías. Todo en un solo artilugio. Una ganga.

El problema, surge cuando la persona, es incapaz de funcionar sin el móvil, cuando el no poder conectarse a internet, quedarse sin cobertura o dejarse el móvil en casa, supone una gran carga de ansiedad.

Desgraciadamente y sobre todo entre la población adolescente y los jóvenes, es muy común ver reuniones, en las que todos ellos están trasteando su móvil. Muchas veces me pregunto si estarán escribiéndose entre ellos…

 ¿Ya se ha perdido, la tan agradable tradición de las cartas, de hecho en muchos países, la figura del cartero esta extinguida, así que, carteros del mundo, vuestra profesión está en vías de extinción. ¿Hace cuanto que no recibes una carta? Seguramente, tu buzón está lleno de publicidad y sobre todo, de recibos. Se acabaron esas largas cartas en verano o las felicitaciones de Navidad. Incluso en las fechas relevantes un WhatsApp y vas que vuelas.

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¿Estará obsoleta la era de la comunicación interpersonal cara a cara?

Triste. Sin duda. Sin embargo, nos olvidamos de que es algo peligroso. Si vas por la calle, inmerso en tus redes sociales o hablando con alguien por mensajes, te estás perdiendo disfrutar de tu alrededor. La sociedad, está cada vez más, convirtiéndose en autómatas, personajes casi, si me permites la expresión, virtuales. Pena, es lo que a mí me produce ver a esos niños con la carita pegada a sus móviles. Pena, porque esa etapa tan corta en la que son capaces aun de ver el mundo tal y como es, la están reduciendo a la etapa de pañales. Pena por no verlos jugar más, hablar, leer, dibujar….todo eso ya está pasado de moda.

 

Se pierde la esencia de lo real. El móvil está creando una necesidad. Una esclavitud.

Al igual que en todas las adicciones esta tiene unos parámetros bien claros y definidos:

  1. Negación. Si le dices a cualquiera que es adicto al móvil, lo negara rotundamente y lo justificara de mil maneras posibles.
  2. Pérdida de control. No puedes parar de trastear el móvil. En las salas de espera de hospitales, dentistas, etc., ya se pueden ahorrar las revistas. El problema surge, cuando este uso masivo, interfiere en otros ámbitos de tu vida. Eres incapaz de ponerte a estudiar o a realizar un trabajo pendiente, porque pierdes demasiado tiempo con el móvil.
  3. Mentira. Los casos de adolescentes que mientes a sus padres, mientras estudian o están en clase y les preguntan ¿No estarás con el móvil? No… para nada.Adicto a la BlackBerry
  4. La necesidad. Necesitamos cada vez tener un móvil más potente, con más capacidad, mas mega pixel, mas puntero, porque si no, querido amigo, ya ¡no eres nadie! Si preguntas a la gente que se llevaría a una isla desierta, ya no nombran a Brad Pitt…lo esencial es el móvil.
  5. Dejar de hacer cosas que antes te gustaban  o dejar de hacer cosas que tienes que hacer. Hablar entre nosotros, hacer deporte, leer, estudiar… el móvil hace que le restes cantidad y calidad a las demás cosas que haces.
  6. Dedicación de la mayor parte del día. Todo tu mundo gira en torno a ese aparatito. Si haces un cálculo del tiempo que le dedicas al día, probablemente, el resultado será abrumador.
  7. Aparición del síndrome de abstinencia. Sin duda como cualquier adicción, este ítem es clave. Si te quito el móvil y te digo que no podrás usarlo en 48 horas por ejemplo… ¿Qué reacción tendrás? Ira, ansiedad, malestar… Haz la prueba con tu hijo, o porque no, contigo mismo.
  8. Tolerancia. Cada vez necesitas más tiempo, para usar el móvil. Si miráramos por un agujerillo a los adolescentes del mundo, a la hora de irse a la cama…veríamos claro lo que es, faltarte horas al día. Siempre necesitan más, para sentirse satisfechos.
  9. Reforzamiento inmediato. Al igual que en todas las adicciones, uno de los factores que propicia “el enganche”, es la obtención de un placer de manera inmediata. El feedback que se obtiene al ser contestado de manera rápida a través del WhatsApp por ejemplo, es algo que mantiene la conducta y aumenta la probabilidad de seguir repitiéndola.
  10.  Deterioro de la vida personal. Esto no es una broma. Parejas del mundo; ¿Cuántos problemas habéis tenido por culpa de no contestar un mensaje al instante? “Estabas en línea y no me contestaste”,” ¿Con quien hablabas anoche de madrugada?”. Seguro que te sientes identificado con estas situaciones. Son muchas las parejas que veo sentadas tomando algo, cada una con su móvil. Fascinante.

 

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Los niños cada vez de edades más inferiores, tienen móvil propio. Una aberración. Si realmente es para estar localizados como dicen muchos padres, no deberían tener conexión a internet. Pero esto desgraciadamente no es así. Si a un padre le comento, la posibilidad de darle un vino, o un cigarrillo a su hijo/a de 9 años, se echarían las manos a la cabeza. Sin embargo, le compramos un móvil de última generación. Porque no es lo mismo…

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Deberíamos reflexionar seriamente, acerca de esta cuestión, que si me permiten, es una de las causas de fracaso escolar en nuestro país. Fomentar más entre nuestros hijos, los hábitos saludables. Y entre nosotros mismos, limitar el uso del móvil a momentos puntuales, y levantar más la cabeza por la calle, porque podremos tropezar….

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