Tus hijos no te pertenecen.

  

La mayor parte de la gente decide tener hijos para satisfacer sus propios deseos, no por amor a los niños”. – Jesper Juul –

Tener hijos es algo que te cambia la vida. Traemos a esas personitas para amarlas y respetarlas, pero ¿qué pasa cuando esas personas empiezan a decidir por si mismas y lo que desean difiere de lo que deseamos nosotros como padres?

En muchas ocasiones, demasiadas por desgracia, me he encontrado padres que han verbalizado lo que les gustaría que estudiasen sus hijos o a lo  que no quieren que se dediquen, porque les hubiese gustado a ellos o porque es la profesión que consideran “prestigiosa”.

Y aún peor, he conocido historias de padres que han decidido la dirección profesional que sus hijos tenían que tomar, decidiendo personalmente que carrera universitaria debían hacer. Increíble pero cierto. Abuso de poder en su máxima expresión. Y ya no sólo referente al tema profesional sino a todo. Cuando irse de casa, de que manera, que tipo de pareja elegir, que tipo de trabajo, ir o no ir de viaje, tener un estilo de pelo de vestir, y así hasta el infinito. Tener hijos para moldearlos a nuestro gusto, despojándolos de derechos y capacidad de libre elección. Debería estar prohibido, al menos legalmente, ya que desde el aspecto ético y moral LO ESTÁ.

Cuando traes a un hijo al mundo no es tuyo, es del mundo.

“Cuando traes a un hijo al mundo,no es tuyo, es del mundo”. Yo siempre he usado esta frase en mi trabajo profesional con padres. Y cuando he sido madre he tenido que aplicarme el cuento. Duele, porque es apego, del malo, del que busca saciar tus vacíos afectivos, tus carencias. Hay que mirarlo, dejar de pedir a tu hijo o hija que llene esos vacíos que arrastras desde tu infancia, que te haga feliz, que te tenga satisfecha/o. No hay mayor responsabilidad como madre/padre que trabajar todos esos aspectos que el nacimiento de un hijo pone de manifiesto en vez de intentar manipular y seguir transmitiendo el abuso de poder que posiblemente tú sufriste.

Qué fácilmente se puede caer como padres en generarnos todo tipo de expectativas en torno a lo que serán en el futuro o no serán nuestros hijos, llenándolos de etiquetas y haciendo constantemente juicios de valor sobre sus decisiones. Etiquetas y juicios de valor que tus hijos llevarán por bandera en su etapa adulta, que les limitaran, que les generarán una manera de verse a sí mismos sesgada y distorsionada, que les afectará en su vida y en su relación con los demás. A ellos, a tus hijos, a los que has traído a este mundo para ser felices, los cargas de peso, no les permites tomar decisiones porque “se van a equivocar” o porque “no saben hacerlo” y les impides tomar decisiones en el futuro, teniendo que depender de ti, de los demás para hacerlo, convirtiéndoles en personas inseguras, con un pobre amor propio, que dependerán de la aprobación constante de los demás para hacer o decir o estar cómodos en su pellejo. A ellos, a ellas, tus hijos, tus hijas, los seres que más quieres en el mundo…. Incoherente ¿no te parece?

Deja de decidir por ellos, dejalos equivocarse, caerse, elegir, desear y necesitar distinto que tú, soñar mucho y muy alto, sin decirles que la caída será alta, sólo porque a ti te lo dijeron, porque a ti te cortaron las alas. Déjalos decidir, sin tener que necesitarte, siéntete valioso o valiosa al margen de ellos, trabaja tus frustraciones propias y deja que ellos VIVAN SU VIDA. 

Deja de justificar acciones de manipulación de tus hijos con el rótulo “es por su bien”, de la misma manera que hicieron contigo.

Si quieres sembrar semillas de personas responsables, íntegras, honestas y valiosas, PREDICA CON TU EJEMPLO. Es la herramienta más poderosa en la educación, el ejemplo y la coherencia, siempre. No les pidas o les exijas cosas que no te corresponden. Si quieres que tus hijos te respeten, RESPÉTALOS tú a ellos SIEMPRE. APÓYALOS SIEMPRE. Te gusten más o menos sus decisiones.

No hay protección contra los futuros problemas psicológicos que el apoyo y amor incondicional de unos padres que te dejaron ser y te aceptaron tal y como eras. ¿Quieres que sean felices? Pues déjales SER.  No quieras ser el/la protagonista de tu vida. Tú ya has vivido tu vida. 

Ponte en su lugar, acompáñalos en sus frustraciones, pero no se las provoques, esa no es tu labor.

“Serás lo que quieras ser, no lo que a mi me gustaría que fueses, porque tú ya ERES libre y protagonista de tu historia. Nunca me decepcionarás”. 

 

 

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