Terrores nocturnos infantiles. Que son y que hacer.

Los terrores nocturnos son un tipo de Trastorno del sueño, denominados Parasomnias, que son fenómenos fisiológicos que ocurren de manera recurrente durante el sueño. El sonambulismo y las pesadillas serían otro tipo de parasomnias.

Ocurren típicamente durante la etapa de sueño NoRem (No Rapid Eyes Movement), es decir durante el sueño profundo, que se alcanza a las dos o tres horas de quedarse dormido. A diferencia de las pesadillas, en los terrores nocturnos no existen imágenes vívidas o miedo intenso como pueda parecer sino que se deben a una alteración en el paso de una fase de sueño profundo (fase IV) a otra más ligera donde se producen los sueños. Esto se debe en gran medida, a que los mecanismos cerebrales encargados de establecer los ciclos de sueño de manera correcta están aún “verdes”.

Al terminar la fase de sueño tranquilo y profundo, se da una fase de sueño más ligero y en los terrores nocturnos lo que se produce, es una imposibilidad de aligerar ese sueño, de modo que se produce este trastorno al igual que otros en los que también hay agitación motora como el sonambulismo, la somniloquia (hablar dormido), entre otros.

Este trastorno puede empezar a partir de los 6 meses, que es cuando se suele completar la adquisición de todas las fases del sueño.

Los síntomas de los terrores nocturnos son los siguientes:

  • Llanto intenso y desconsolado.
  • Respiración agitada, desorientación. Parece despierto, pero está dormido.
  • Se pueden sentar en la cama e incluso intentar bajarse.
  • Movimientos bruscos y violentos.
  • Ojos abiertos y pupilas dilatadas. Parecen mirar, pero no ven.
  • No reconocen a nadie.
  • No se consuelan con la cercanía física e incluso pueden incrementar su agitación.
  • Suele durar entre 10 y 20 minutos.
  • Se calman solos.
  • Después no recuerdan lo sucedido.

¿Cual es su origen?

Hasta los 6 años es un trastorno muy frecuente, ya que el cerebro está madurando y aunque las fases de sueño ya están construidas los estadios IV de sueño profundo, son mucho más profundos que los de los adultos.

Además de esta inmadurez cerebral, existe una influencia genética de entre un 40-60 % de progenitores que han sufrido en la infancia o en la actualidad parasomnias.

Según numerosos estudios suele ser más frecuente en niños/as con una alta creatividad e imaginación. La alta estimulación sensorial interior en este caso y una sobreestimulación externa, aumentan el riesgo de sufrir terrores nocturnos.

Niños/as sometidos a altas cargas de estrés y/o tensión emocional también serán más propensos a desarrollarlos.

Por último, es importante preguntarse si el niño está durmiendo lo que debe según su edad, ya que la falta de sueño provocaría más terrores nocturnos en niños propensos a ellos. ¿Por qué? Muy fácil. Al acostarse más cansados su sueño en la fase profunda será aún más profundo y la dificultad de pasar al la fase ligera será peor. Si se suprime precozmente la siesta o se hace de manera radical existe un riesgo de incremento de parasomnias.

Aquí os dejo la tabla orientativa de las horas de sueño necesarias en los niños. Para saber si las horas que tu hijo duerme son correctas o no, obsérvale; si está vital, y con buen estado de ánimo sin duda duerme bien. Eso se nota.

¿Qué hacer si mi hijo sufre terrores nocturnos?

  • PREVENIR: Esto es lo mejor. Si tu hijo sufre terrores nocturnos es importante que tengas en cuenta todo lo dicho y lo cuides especialmente. Qué se acueste descansado y tranquilo es esencial. Ya hemos visto cómo la típica frase de “quítale la siesta y verás como duerme” no sólo no es cierta sino que además produce el efecto contrario. Tener rutinas de sueño saludable; horas de siesta en pequeños y horas fijas de ir a dormir.

 

  • No exponer a situaciones anormales de estrés o sobrestimulación. Evitar ver tv o smartphones al menos en las últimas horas de la tarde. 

 

  • Distinguir entre pesadilla y terror nocturno.

 

  • No medicar, excepto en casos graves en los que hay deterioro de la actividad del niño durante el día y somnolencia.

 

  • Permanecer junto a él durante el episodio, vigilando que no se hace daño, pero no intentes consolarlo, cogerlo o despertarlo.

 

  • Despertares programados: Si los terrores nocturnos son muy frecuentes, se puede probar esta técnica. Se trata de registrar varias noches la hora a la que ocurren y cuando ya la sabemos, lo despertaremos 15 minutos antes de que ocurra, sin desvelarlo, para facilitarle el paso a la fase ligera impidiendo así el bloqueo.

 

  • Es esencial tener paciencia, y abordar el tema desde el amor y el cariño y sabiendo que pasará.

 

Espero que te haya sido de utilidad este post.

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