Madre primeriza en apuros III

Aventuras y desventuras de una madre primeriza en apuros, volúmen III.

 

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La maternidad,  es algo así como un tiovivo emocional, una montaña rusa de sensaciones, donde un día te sientes la reina del mambo y al otro la mujer más perdida y amargada de la faz de la tierra. Al menos, así lo vivo yo.

La maternidad se vende, sin mostrar sus claroscuros, solo mostrando la parte más bella y tierna, pero no todo son mariposas de colores y florecillas silvestres. La maternidad conlleva una revolución, una crisis hormonal de gran calibre, un cambio en tu esquema psicológico, acerca de quién eres y el rol que desempeñas en la vida.

La maternidad te eleva al espacio sideral o te baja a los infiernos. Un día, te sientes superwoman, nada te pesa, todo te compensa y ser madre es lo mejor del mundo mundial. Sin embargo, otros muchos, admitámoslo, aunque no sea políticamente correcto, aunque por desgracia  sea un tema tabú, ser madre es algo que te atrapa y te esclaviza. Es muy duro. No ves salida y el cansancio y la falta de energía se suman a la gran fiesta. No llegas a nada y  para hacer las cosas que te propones, deberían existir días de 72 horas, al menos.imagesCAW41URA

Pero tenemos que ser mujeres diez, mujeres modélicas y afrontar cada día con una sonrisa,viviendo la maternidad como nuestro culmen como mujeres, como el nirvana, lo máximo a lo que podemos aspirar…

 ¿Cómo vas a sentirte mal,  si está escrito en tus genes, si es tu papel biológico por excelencia?… Y una m…

Quizás, sería más fácil si fuese una mujer abnegada y entregada a los quehaceres domésticos, pero no soy así, que le voy a hacer….

Y un día, te das cuenta de que estás sola ante el peligro. Porque admitámoslo también, tu madre, tu suegra, tu marido…quizás contribuyen a hacerte la vida un poco más fácil, pero tus hijos, son tuyos. Da igual la moto que te quieran vender, que si conciliación, que si igualdad, que si tal y pascual. Otra m….

Porque tras ser madre, descubres que tu vida ya no será la misma, el padre seguirá con su rutina , pero tú ya no. Imposible. Y mientras te re-ubicas, le das una y mil vueltas al coco, ese coquito dichoso que a veces te gustaria cambiar por otro más conformista y más callado, menos complejo y libre…

La espiral diaria es la del día de la marmota. Pañales, ropita llena de caca, ahora de leche, ahora de caca otra vez, frotas con el jabón, ahora la cuna tiene pinchos, llantos, gritos, una teta por aquí, más llantos, otra teta por allá...y eso, aunque tú me niegues con la cabeza, eso quema querida.

Intentas poner toda la carne en el asador y un día te levantas y te das cuenta de que las contracturas de tu espalda te duelen tanto, que ya casi no las notas, que el sueño acumulado es de tantas horas, que ni con un año durmiendo a pierna suelta conseguirías descansar.

Y te sientes vacía, apática, todo lo que un día te llenaba, ya no lo hace, porque total, para qué soñar si ya no tienes tiempo de hacerlo…Si antes tardabas en salir a la calle y despejarte una hora escasa, ahora quizás necesites toda la mañana…solo para conseguir salir de casa…

Si no te sientes identificada, enhorabuena. No me gusta generalizar, y siempre hablo desde mi experiencia.

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Pero muy posiblemente, tú que estás leyendo esto ahora, lo estás viviendo así. Planteandote muchas cosas, viendo tu tiempo profesional de otra manera, con frustración y con agobio, sintiéndote culpable por el tiempo que no pasas con tu bebé, sin posibilidad a veces de desconectar aunque quieras, y con necesidad de hacerlo.

Y quiero compartir esto contigo, porque sé lo importante que es darte cuenta de que no estás sola, de que las sensaciones, pensamientos y sentimientos que se agolpan en tu interior, no son de monstruo, ni de mala madre, ni de mujer rara. Son normales y pasan, y aunque todas salgamos con la mejor de nuestras sonrisas y vendamos un día a día de ensueño, la realidad no es así.

Podrás con esto, claro que sí, y lo olvidarás. Una sonrisa suya bastará para sanarte. Por supuesto. Y tal vez repitas en este caos loco de la maternidad, ¿por qué no? Pero mientras tanto, mientras lloras en silencio, sin dejar que nadie te vea, mientras te sientes una persona horrible a ratos por querer recuperar tu antigua vida (pero con tu peque), te digo que no eres la única. Toma aire y respira, vendrán tiempos mejores. Sin duda. Mientras se fuerte, permítete llorar, patalear y protestar. Recuerda que aún eres libre y que no eres perfecta, ni necesitas serlo.

Mil besos.

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Sara

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