Madre primeriza en apuros I

Aventuras y desventuras de una madre primeriza en apuros, volúmen I.

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Ser madre es una experiencia que sobrepasa a todo lo conocido. Te puedes hacer una idea, puedes oir, te pueden contar y puedes soñar. Pero lo que acontece, desde que la criatura viene a este mundo y vuelves a casa con cara de alienígena, es otro cantar.
Puede que desde siempre tu instinto maternal haya sido del tamaño de un paquidermo. Pero también puede ser, que los niños, te hayan gustado “un ratico” y con tus padres precioso….Ese era mi caso. Desde la tierna infancia, en la que creo firmemente, que las hormonas maternales se equivocaron de etapa (era pasion y obsesión con los bebés y las embarazadas), mi inspiración materna, era escasa.

Eres una mujer independiente, sales entras, te comes el mundo y un cachito más, disfrutando la libertad sin apreciarla en su totalidad, porque te sobra. El aburrimiento te visita y lo miras de reojo, sin saber que un día se marchará para no volver…

Tienes tiempo incluso para desperdiciarlo. Mujer emprendedora, bloguera (en mi caso), dispuesta y libre, libre como un pajarillo…

Entonces llega él. Y todo tu mundo cambia. El sueño pasa de ser un placer, a una necesidad fisiológica insatisfecha. Todo es nuevo. Todo da miedo. Ya solo está él. Pero tú anhelas ser esa mujer que fuiste, ignorante de ti, que ya nunca lo serás. Ahora es diferente. Donde antes había libros, ahora hay juguetes. Donde antes había superficies cristalinas, ahora hay migas…

Y todo da un giro, pero tienes que agarrarte, porque si no puedes coger un mareo de aúpa.

Desde mi más humilde y temprana experiencia como mamá, hay van algunas recomendaciones, para no perder la cabeza en esta maravillosa y loca travesía de la maternidad:

1. El tiempo ya no es un concepto como antes lo entendías. Ahora es algo abstracto, que se volatiliza, empleado en ese ser minúsculo que todo lo puede. Ahora un minuto, una hora, un día, es indiferente. El dia de la semana se olvida, incluso el mes. Puede que solo tengas media hora libre. Haz magia con ella, gestiona y saborea esos minutos, como el bien escaso que son. Prioriza en aquello que vayas a hacer. Quizás no puedas hacerlo todo. Ahora las cosas de una en una. Mañana, será otro día.

2. De ese bien escaso del punto anterior, intenta dedicarte a ti lo máximo posible. No será viable un masaje con chocolate fundido e inciensos a tu alrededor, y finalizado con una copa (o una botella) de champán francés, o sí por qué no, (soñar es gratis). Pero una ducha, como las de antes, sin correr, sin olvidar si te has enjabonado o no. Un poquito de crema, y un poquito de depilación, te darán un chute de energía positiva. Y ya de paso, un ratito de peluquería no hace daño. Llévate al pequeño ser contigo. Pero ese momento es TUUUYOOOO.Verte decente es esencial.

3. Aprovecha el tiempo. Parece una tontería, pero si juntas los momentos en los que das de comer al bebé, te darás cuenta de que hacen un siglo completo. Ayer mismo, me comentaba mi cuñada, como en esos ratos de lactancia, ella se volvió toda una experta en repostería…Cuando nace, te quedarás ensimismada mirándolo. Pero luego, te descubrirás con la mirada perdida y la boca seca (literal, ten a mano siempre un buen vaso de agua). Yo aprovecho esos largos ratos, para leer, mi gran pasión. A veces, me visita la musa inspiración para hacer post (como este). Repaso mentalmente cosas que estudio. Y también, por supuesto, lo observo. Observo su nariz diminuta y sus manos regordetas. Su paz y su quietud. Su indiferencia a todo. Lo ajeno que es todavía a las inquietudes humanas. Su felicidad…y me empapo de ella….

5. Vive “slow”. Si eras de las que iba corriendo a todas partes, vivías el día a día como una moto, mirando continuamente el reloj y a la carrera, te comunico que a partir de ahora, nada será así. Ahora vives con un experto del Comité de la tan de moda y beneficiosa vida “slow”. Sin reloj. Sin horarios. Te maravillará ver como tu bebé, le resta importancia a todas esas prisas, te hace pisar el freno, reducir la marcha e incluso echar el freno de mano. Dicen que este estilo de vida es saludable. Por tanto, vamos a subirnos al carro de esta manera de vivir, aunque haya sido “por obligación”.

6. Descubre tu poder infinito. Ahora, eres todopoderosa, capaz de cambiar una pella, mientras te lavas los dientes. Hacer una cama mientras te pintas. Escribir un post mientras juegas con el pequeño dragón…

7.  “Ya nunca estarás sola” . Esta sentencia, cayó como el plomo ardiente sobre mi. Para aquellas cuya soledad es incómoda, no hay problema. Para el resto de las humanas que disfrutan de su soledad (entre las que me incluyo), su espacio y su mundo interior, (al menos, ahora ya no hablas sola y no das miedo a tus congéneres….) la cosa cambia. Ahora toca acostumbrarse. Ya no puedes disfrutar de la vida de ermitaña en tu refugio cueva. Ahora, tienes que compartir con ese pequeño regordete. Ya no hay secretos, ni intimidad…

8. Aprovecha la oportunidad terapéutica que se te brinda. Si eres obsesiva del orden y la limpieza, bienvenida a la terapia más eficaz y cañera. La exposición. A saco. Sin anestesia. 100% efectiva. Si eras adicta al trabajo, se acabó amiga. Deshabituación de golpe. Si la impaciencia era tu talón de Aquiles, te advierto, que a partir de ahora, no creerás la capacidad de aguante que tienes. Si la falta de creatividad era tu mal, ahora te descubrirás, saltando a la pata coja, con un sombrero improvisado y haciendo playback de los mejores éxitos de Paloma San Basilio, todo por distraerlo, mientras él te mira con cara de “qué le pasa a esta tia….”. Ahora, eres una fuente sin fin de creatividad a raudales. Si te tachaban de egocéntrica , materialista y superficial, ya estás curada. Descubre y maravillate de tu nueva “yo”, repitiendo pantalones tres veces a la semana por ahorrar tiempo, luciendo cara lavada en multitud de ocasiones (antes hubieses muerto antes de hacer eso), o saliendo en sociedad con un maquillaje express, eso sí, muy natural. Ahora, tu perfume caro se llama “Mustela”, y descubrirás que tu antes impoluta blusa, ahora tiene manchas de babas o leche o….Eso es genial. Nada que no pueda taparse con un pañuelo. Disfrúta de tu nuevo yo.

9. Practica la atención plena. Los niños, son un modelo a seguir en cuanto a vivir el presente. Ellos no tienen conciencia todavía del ayer, ni del mañana. El pasado y el futuro, solo traen sufrimiento psicológico y quebraderos de cabeza. Si tu monólogo interior, se centra en aquello que eras antes de ser madre y lo que hacías, tu momento actual será un calvario. Si piensas en lo que se te avecina, los planes de mañana o de pasado o lo que harás a partir de ahora con tu vida, posiblemente la ansiedad vendrá a visitarte. Céntrate en el momento. Si estás dándoles de comer, cambiando pañales, jugando o cantando. Si tu dia ahora se resume en eso, simplemente vívelo. No juzgues. Te frustraras y emitirás una energía que también frustrará al bebé, por lo que el circulo vicioso será desastroso. Te recomiendo un libro al respecto, que se llama “Padres conscientes, hijos felices”, escrito por Jhon y Mila Kabat-Zinn.

10. Usa el buen humor y relativiza. Canta. Ríete de tu pinta de mapache maltrecho en el espejo. Ríete de tus días de dejá vu. Caca, culo, pedo, pis. El humor, es siempre el mejor antídoto frente a momentos duros.

Para terminar, decirte a tí que estás leyendo esto, que aunque haya días malos, todo se olvida cuando tu pequeñ@ te mira y te sonría, como agradeciéndote todo lo que haces por él. Cuando con sus manitas rechonchas te toque la cara y sus ojillos emitan amor incondicional, sabrás que lo estás haciendo bien. No sufras, ni te sientas culpable si pierdes en más de una ocasión los nervios o te sientes al límite. La maternidad es aprender, crecer como persona y conseguir ser la mejor versión de ti misma. Esto es temporal. No será un bebé siempre. Cuando crezca, lo perseguirás deseosa de que te haga caso y te de un beso. Disfruta el momento.

 

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