La inquisición de la maternidad.

Al igual que la inquisición católica perseguía la herejía, considerada todo dogma contrario a la doctrina religiosa en cuestión, en la actualidad vivo con sorpresa una era de inquisición absoluta en lo que concierne a la maternidad.

Si eres madre, lo siento por tí, ya estás expuesta a pasar este duro tribunal con dedos acusadores si no te mueves dentro de los dogmas considerados como correctos. Si decides publicar en redes sociales, en tu blog o peor aún escribir un libro acerca de tus reflexiones y/o experiencia de la maternidad, pobre desdichada, serás vapuleada sin piedad…

Y es que, la reciente polémica que se originó tras la publicación de la periodista Samanta Villar de su opinión y de SU EXPERIENCIA, (oiga porque es suya y no tuya), me puso nuevamente los vellos de punta. Me indignó y me pareció simplemente repugnante, las cartitas virales y las opiniones intolerantes de las mamis mermelada.

Que la maternidad es preciosa, estupenda, la experiencia más cercana al éxtasis que conozco, pero señoras, dejad de ser inquisidoras y establecer lo que es políticamente correcto y lo que a vuestro parecer es aceptable. Vivimos en una democracia y defendemos con uñas y dientes la libertad de expresión, pero ay pobre de ti madre incauta, como oses compartir con el resto del mundo tus inquietudes maternas o tal vez decir en un susurro apenas inaudible que estas agotada, perdida, frustrada, AMARGADA, porque ya no sabes ni quien eres.

El primer año de crianza es lo MÁS DURO a lo que esta que escribe se ha enfrentado jamás, y puedo asegurarles que mi vida no ha sido un camino de rosas, en absoluto.

Pero la maternidad me golpeó con dureza, me rompió los esquemas, me puso todo patas arriba y perdí mi tiempo, mis prioridades, mi sueño, mi aburrimiento, mi ocio, mis pensamientos, TODO, para entregárselo si, a la persona QUE MÁS HE AMADO EN TODA MI VIDA, sin duda.

Pero una cosa no quita la otra. Las circunstancias personales, familiares, laborales, etc etc etc de cada mujer deben ser tenidas en cuenta y si tengo trabajo, independencia económica, soy un personaje popular o tal vez multimillonaria, perdonen que les diga, eso no influye en nada, porque cada vivencia es personal e intransferible. Lo que tú hayas vivido o estes viviendo no tiene porque ser igual que mi vivencia, ni tampoco mejor o peor.

Si le das el pecho enhorabuena, si le das biberón tus razones tendrás. Si le das potito perfecto, si le das trozos genial. Si lo llevas a la guardería no tienes porque dar explicaciones a nadie, si pides una excedencia o dejas tu trabajo por un tiempo para la crianza, enhorabuena, eres una valiente. Si duerme de un tirón desde que nació, muy bien, si colechas estupendo.

Si le das azúcar, si no le das, si le das potaje o papas fritas o le pones chaqueta o chandal, TODO ES RESPETABLE, porque existen tantas maternidades como mujeres y razones para ejercerlas. Porque el amor, es lo único verdaderamente importante, y porque yo diga QUE LA CRIANZA ES DURA DE NARICES y que claro que sí señoras, claro que se pierde calidad de vida en esos primeros días eternos, que se convierten en meses, que luego pasan tan deprisa, en esos momentos en que no puedes ni pensar del sueño que tienes, que estas mas perdida que el barco del arroz en los que yo, si me lo permiten, no pensé JAMÁS FUI TAN FELIZ. ¡¡¡NO LO PENSÉ, NO SEÑORAS, NO LO HICE!!

Y nadie, podrá jamás echarme en cara que no me he preocupado por el bienestar y la crianza de mi hijo cada día desde que lo parí hasta hoy y lo que me queda del resto de mi vida.

Que mis elecciones ahora pasan por su comodidad. Que mis prioridades las he reorganizado para poder situarlo en la cúspide de mi pirámide. Que mi persona, ha sufrido la crisis emocional más dura jamás contada, hasta que he resurgido de mis cenizas con más fuerza y valentía. Que mi pareja tal vez haya sufrido o esté sufriendo una etapa complicada. Todo esto, porque criar un hijo señoras no es psicológicamente barato. 

Que si lo piensas demasiado no tienes ninguno. Que si miras hacia atrás ya no te reconoces. Pero esto, no significa que mi hijo no sea lo más maravilloso del mundo, el proyecto más perfecto y más duro en el que he participado jamás.

Pero si tú, querida madre perfecta, quieres criticar mi postura o la de cualquier otra que no rebose melaza por cada frase, allá tú, eres muy libre de hacerlo, pero recuerda QUE TU LIBERTAD TERMINA DONDE EMPIEZA LA MÍA, y si hay algo por lo que sacaré los dientes hoy mañana y siempre será por defender a mi hijo, no por defenderme a mi de ataques absurdos nacidos de la intolerancia.

Vamos de progres, de evolucionados y no respetamos las decisiones de los demás. Somos nuestras peores enemigas como mujeres y como madres.

Si en vez de atacar como hienas, ante declaraciones de una madre que está pasando una etapa muy dura y la está viviendo de una determinada forma, arropásemos, comprendieramos, aconsejásemos desde el cariño y el respeto, que todo pasa, que todo evoluciona, que hay que aprovechar la experiencia tan dura para crecer como persona, y premiar la valentía de compartir esa vivencia tan personal y dura, otro gallo cantaría.

Pero no, lo fácil es machacar y pedir la cabeza de esa ingrata mujer que además no quiere a sus hijos

Así de  atrevidas son la ignorancia y la hipocresía.

 

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