El apego seguro en los niños.

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Mucho se habla de “apego”, de crianza con apego, de cuestiones para fomentar el apego, pero…¿Qué es exactamente?

El apego no es contacto físico, es mucho más complejo. La R.A.E lo define como “inclinación o afición hacia alguien o algo.” En el tema de la crianza de los hijos, esta definición no es la adecuada.

John Bowlby, psicólogo que trabajó con niños en instituciones, fue el que formuló la Teoría del apego. Él definió este término, como el vínculo emocional, que desarrolla el niño con sus padres y que le permite sentirse seguro en su relación con el mundo, indispensable esto para el desarrollo saludable de su personalidad.

La figura principal de apego, suele ser la madre en la mayoría de los casos, ya que será la figura que se ocupe del niño los primeros meses de su vida y con la que establecerá el vínculo más fuerte.

Existen tres tipos principales de apego:

  1. Apego seguro: Es aquel en el que el niño se siente seguro en presencia de su madre y en su ausencia el niño llorará,  pero al regresar su madre y consolarle, volverá a su estado normal tranquilidad.
  2. Apego inseguro evitativo: El niño evita el contacto con la madre, no lo pide y en su ausencia no llorará.
  3. Apego inseguro resistente/ambivalente: El niño depende de la madre de manera excesiva y en su ausencia no se calmará, ni siquiera al regreso de esta.

Como diría Carlos González, el apego seguro no se genera por la lactancia, ni por el colecho, ni por coger todo el día a tu hijo en brazos, ni darle todo lo que pide. El apego se genera por algo más que contacto físico y dependerá de la accesibilidad de la madre a las demandas del niño y el tener cubiertas todas sus necesidades incluidas las emocionales y de afecto.

Según los estudios llevados a cabo por la psicóloga Ainsworth, el apego inseguro evitativo, sería el que desarrolla el niño que aprende a que no le hacen nunca caso, así que deja de reclamar, y por eso ni llora ni busca a su madre.

El niño que no sabe a que atenerse, ya que lo atienden muy poco o casi nunca, no se sentirá seguro en la ausencia de su madre porque no sabe si volverá, y en su presencia, optará por quejarse y pedir las cosas con más fuerza “por si cae la breva” y de esa manera le hacen caso. Este sería el apego inseguro resistente/ambivalente.

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El niño que prefiere estar con su madre, que llora en su ausencia pero que aprende a que SU MADRE SIEMPRE VOLVERÁ, dejará de llorar si el ambiente es seguro y estimulante para él y al llegar su madre se pondrá contento y buscará su contacto y proximidad. Este patrón de apego seguro, se consigue SIENDO Y ESTANDO para tu hijo, no solo cubriendo necesidades básicas, sino sus necesidades de afecto desde que nace. La conexión emocional con tu hijo, el acudir a su llamada, el validar sus emociones incluso cuando se vea desbordado por ellas, hablarle, escucharle, cantarle, observarle, respetarle, abrazarle, mimarle y darle amor incondicional todo esto genera APEGO SEGURO. 

Da igual que duerma en su cuna o que le des biberón, la parte afectiva es la esencial.

Saber que cuando un bebé llora es porque necesita algo y a veces, sino es hambre, ni le duele nada, es cariño y afecto lo que precisa. “No lo cojas que al final lo acostumbras, no lo tengas en brazos que lo malcrias”. Señoras y señores del mundo, VAMOS A RECICLARNOS, VAMOS A EVOLUCIONAR, esto además de falso, está obsoleto.

Y lo peor no es que lo digan las abuelas con sus creencias de la época que a ellas les inculcaron, sino que lo dicen chicas jóvenes, madres actuales y sobre todo lo que más me chirría y me apena, lo dicen profesionales, pediatras, educadores….

El apego, se genera en los primeros años de vida y dura para siempre. El estilo de apego que se genere en el niño, determinará muchas de las interacciones y del estilo afectivo que tenga en su etapa adulta. Influirá en sus esquemas mentales, en sus creencias y en sus valores. Una gran responsabilidad. ¿Es para pensárselo no?

Puede dar miedo a priori, pero si lo piensas, es un proyecto precioso y que depende de tí, que estás leyendo esto, cambiar con tu actitud y tu estilo de crianza, un mundo que parece a veces llevado por la inercia y la ley del mínimo esfuerzo. Lo fácil no es lo válido. Lo fácil no es lo acertado. En la crianza el esfuerzo  y la constancia SIEMPRE merecen la pena.

Claves:

  • Sintonía: No pierdas la sintonía con tu hijo. Sobre todo en esos momentos de rabietas, de estrés tuyo personal, de situaciones difíciles. Mantente conectado.
  • Coherencia: En lo que dices y en lo que haces. Como madre/padre, eres el modelo, eres un espejo y ellos son esponjas. Mantén esa coherencia en tu estilo educativo/afectivo.
  • Equilibrio: Siempre es lo más saludable. Los extremos siempre son malos. Equilibrio en todo y siempre para mantener un entorno sereno y dar seguridad y serenidad a tus hijos.
  • Disciplina positiva. No castigos físicos, amenazas y coacciones. Eso no educa ni genera respeto, ni interiorización de las normas.

Ante la duda: SENTIDO COMÚN Y AMOR. Si algo no te cuadra, si algo te chirría como madre/padre, por mucho que lo haya dicho fulano de copas, pediatra del siglo pasado o Estivill éxito en ventas, no lo hagas, en ese momento estarás haciendo lo correcto.

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