Feliz Día del Padre.

Globo_Flickr_David_Boyle

Hoy se celebra el Día de una figura muy importante en la vida de toda persona, EL PADRE.

Una figura básica para el desarrollo de todo niño, que junto con la madre, da su apoyo y contribuye a la educación y la construcción de los pilares de la personalidad de cada uno.

Por eso, hoy quiero aprovechar para despedirme del mío. Hace unas semanas se marchó, se fue finalmente a descansar, ya que su vida llena de amor, trabajo y esfuerzo, merecía ya, un viaje de descanso digno.

Toda despedida de un ser querido, es dolorosa, y siempre recomiendo a mis pacientes, escribir a modo terapéutico, para ayudar a pasar página, para aliviar el dolor y ayudar a cicatrizar las heridas, y por eso, y porque me gusta predicar con el ejemplo, aprovecho el día de hoy, para hacerle este pequeño homenaje, a ese gran hombre que me acompañó toda mi vida y gracias al cuál soy quién soy.

Ese hombre, que me quiso sin condiciones, que me enseñó todo lo que sabía y yo quise aprender, que me brindó la mejor infancia que un niño puede desear.

Cuantas cometas volamos y cuántas fotografías dejaste para el recuerdo, persiguiéndome con la cámara hasta hacerme llorar de rabieta…

Cuántos cuentos de Juan sin Miedo, en los que acababas roncando y en los que nunca me revelaste el final…

Cuántos exámenes de francés corregiste, mientras te observaba atenta y me preguntabas que nota ponías…

Cuántos viernes me esperabas a la puerta del cole, y yo deseando abrazarte y pasar juntos cada fin de semana, viendo películas antiguas que tanto nos hacían reír, y Panteras Rosas y grabándome cantando y bailando.

Cuántos veranos pasaste trabajando, mientras yo esperaba impaciente tu visita a la playa o a Alfacar y al fin llegabas con tu eterno bigotillo blanco, tu pelo de plata y tu boquilla con un Ducados consumiéndose…

Una adolescencia, en la que me acompañaste sin rechistar. Jamás un reproche, jamás un grito, ni una mala palabra. Siempre tu paciencia y tu sabiduría me acompañaron y me enseñaron los valores del respeto, la tolerancia y el esfuerzo. Siempre confiando en mis posibilidades, creyendo en mí, esperando mi llamada, respetando mis decisiones y ayudándome en todo aquello que necesité.

Gracias a ti, salí a flote una y mil veces, porque tú con tu vida, me enseñaste que jamás hay que rendirse, NUNCA. Y eso haré.

Me preparé para esta despedida toda mi vida. Desde niña, cuando me marchaba los domingos en el coche, mientras tú te despedías desde la ventana detrás de la persiana, yo me iba llorando, pensando con miedo que no volvería a verte. Desde que el concepto muerte, entró en mi cerebro, fue mi mayor temor, llegar algún día y encontrar que te habías marchado.

 Muchos sustos me dabas cuando llegaba de la universidad y te veía roncando con la cabeza colgando (tú decías que no estabas dormido…) o cuando por la mañana nadie apagaba el despertador porque se te pegaban las sábanas…

Toda mi vida cogiendo aliento para este momento, sobre todo en estos últimos años, en los que decías estar muy cansado y cuando tu mente viajó a algún sitio muy lejos de aquí.

Cuando perdiste esa independencia que tan valiosa fue siempre para ti, tuviste que dejar tu casa, y finalmente dejaste de saber quién era…

Sé que tu cuerpo resistente y fuerte hasta el final, te ataba a una existencia que tú ya no querías, que yo no quería para ti, que ya no era vida.

Por eso, aunque esperada e incluso implorada, tu partida me ha arrancado un trozo de mi alma, un pedazo de mi ser que te llevas contigo allá donde estés, un trozo irreemplazable, que jamás nada ni nadie podrá completar. Posiblemente mi cuota, por tener la dicha y la gran fortuna, de cerrar los ojos y de que en todos y cada uno de los recuerdos de mi vida, hasta donde mi cerebro alcanza, estés tú.

 Sé que siempre estarás a mi lado, como siempre estuviste, y me gustaría decirte en este espacio, que forma parte de mi proyecto profesional, ese que tanto apoyaste y del que seguro estás orgulloso, que jamás viviré suficiente vida, para agradecerte todo lo que has hecho por mí.

Gracias, por haber sido tan sensible y bondadoso hasta el último de tus días y haber esperado a marcharte cuando estuviste seguro de que lo llevaría mejor. Sería más fuerte, porque dentro de mí llevo una ilusión, una vida a la cual espero ser capaz de enseñarle y ofrecerle aunque sea la mitad, de lo que tú me diste a mí.

Es por eso, que te digo un hasta luego, esperando que algún día volvamos a vernos y sentarme en tu “pata”, y abrazarte muy fuerte para entonces, estar siempre juntos.

HASTA SIEMPRE ABUELI.

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