Cómo explicar la muerte a los niños

Ayer tuve la suerte de asistir al evento Madresférico patrocinado por Seguros Meridiano titulado:

” Mamá, Papá qué es la muerte?”.

 

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Y es que, a pesar de estar a día de hoy preparados  para explicarles a nuestros hijos muchos de los temas tabú por excelencia, hablar de la muerte se nos sigue atragantando, quizás porque para nosotros como adultos aún nos resulta difícil de digerir lo único seguro de la vida: que algún día se acabará.

Por eso, Nuria Javaloyes, psicóloga alicantina especializada en oncología y  duelo, ha coordinado una guía editada por Seguros Meridiano para ofrecer ayuda a padres y madres  a la hora de abordar el tema de la muerte. De eso nos habló Nuria ayer y yo paso a contaros todo.

En primer lugar, lo que hay que tener en cuenta para empezar a gestionar la muerte de manera saludable es la naturalidad. Como todo tema que se enmascara y se tapa como un secreto inconfesable y acaba haciéndose algo inabordable, la muerte debe ser tratada con la naturalidad que merece, teniendo en cuenta que todos tarde o temprano moriremos y que forma parte de la vida cotidiana.

Los niños la vivirán de cerca en la despedida de un familiar, amigo o conocido y llegarán las preguntas. Ese es el momento, como padres y responsables de ayudar a nuestros hijos a gestionar de manera correcta el complejo mundo de las emociones, de contarles qué es la muerte. Con cariño, sin rechazo, sin mentiras. De manera adaptada a la edad y comprensión de tu hijo. Puedes apoyarte en cuestiones religiosas si en casa lo sois (no recurras al cielo si sois ateos, por ponértelo más fácil), se trata de mantener una coherencia, huye de eufemismos absurdos que aunque creas que endulzan la historia a la larga pueden complicarla. “Se ha ido de viaje muy lejos, está en una estrella, está dormido…” no son explicaciones adecuadas, ya que la imaginación del niño puede complicar la asimilación correcta del concepto.

Diles la verdad. Sin detalles morbosos, ni explicaciones que sobren. Adapta la situación a su capacidad de entender.

Escúchalo y ayúdale a expresar sus emociones. No se trata ni mucho menos de que sólo des una explicación. Hay que hacerles entender que expresar lo que uno siente y ponerle nombre es fundamental. Importante aquí estar atentos a los signos de culpabilidad que puedan aparecer en los peques, para hacerle comprender que no tiene ninguna responsabilidad de lo ocurrido.

Explicar la irreversibilidad y la universalidad de la muerte, es lo más complicado. Irreversible porque ya no volvemos a ver a la persona fallecida y eso les cuesta entenderlo a los pequeños. Universal, porque todos moriremos tarde o temprano y pueden surgir miedos y preguntas como ¿yo me voy a morir? , ¿y tú?. Volvamos a la sencillez y cariño de las respuestas. Les diremos que moriremos cuando estemos muy mayores o muy enfermos.  Los niños encajan mucho mejor de lo que creemos estas cuestiones.

Es también importante que sepa que no es malo hablar de esa persona que se ha ido. Hablar y recordar anécdotas es beneficioso.

Su mente es más abierta que la de los adultos y tienen menos apegos superfluos, por eso llevan mejor no solo la muerte ajena sino incluso la propia en casos de niños con enfermedades terminales.

Si te encuentras con preguntas que no sabes contestar dilo, tal cual. Aceptar que mamá y papá desconocen ciertas cosas, nos hace más humanos, nos acerca a ellos. Evita meterte en explicaciones complicadas o falsas de las que no sepas salir.

En algunas etapas del crecimiento algunos niños pueden mostrar cierta fascinación o interés por la muerte. No te asustes. Es normal. Contesta a sus preguntas con tranquilidad y sinceridad. Si quieren ver un cementerio acompáñalos, háblales de ello.

Y ¿qué pasa si quieren acudir a un entierro o al tanatorio o ver a la persona fallecida? La tendencia natural es impedirlo a toda costa, escandalizarnos y poner el grito en el cielo. Eso no es cosa para un niño, pensarás. Pero sobreprotegiéndolo en una burbuja y aislándolo de la vida real no vas a conseguir nada. Tarde o temprano las preguntas e inquietudes que tiene, las resolverá por otra vía y quizás las respuestas sean peores que las que tú puedas darle. Hazle partícipe de la despedida de esa persona a la que quiere si así lo desea, acompañándolo en ese proceso de asimilación.

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¿Se puede llorar delante del niño? Como siempre, la tendencia automática adulta es la de evitar que nuestro hijo nos vea llorar. ¿Qué le estás transmitiendo con esto? Que llorar es malo. Que no deben mostrar en público las emociones. Flaco favor al desarrollo de su inteligencia emocional. Se llora, porque la tristeza es una emoción válida como otra cualquiera. Y si uno está triste, debe llorar. Otra cosa es que el niño presencie un desbordamiento emocional desagradable. Sentido común.

¿Qué pasa cuando el que muere es papá o mamá o un hermano? Explicar la muerte del abuelo o la abuela, puede resultar más sencillo por la edad, explicandoles que es ley de vida. Pero cuando el que muere es alguien joven y muy muy cercano la cosa cambia. Se aplican los mismo principios; naturalidad, sinceridad, sentido común y cariño. Recuerda que el dolor por la pérdida siempre es directamente proporcional con el vinculo. Para los niños igual. Evita caer en comparaciones, idealizaciones o intentar que sustituya la pérdida del que se ha marchado.

Recuerda también que TU HIJO NO DEBE HACERSE CARGO DE TU DUELO. Lo digo así en mayúsculas, porque lo considero de suma importancia y es desgraciadamente muy común,  en la muerte de otro hijo, de un padre, o de la pareja. (Esto también se ve en las rupturas entre padres, que es otra forma de duelo).

Un niño es un niño, y hay roles que nunca deberían adquirir. Como el de cuidar a papá o mamá porque está en un pozo. NO. Rotundamente no.

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La idea es mantener las rutinas que les dan seguridad en la medida de lo posible y cuanto antes mejor, no se trata de reprimir el duelo o hacer como que no ha pasado nada, ya que esto no es llevarlo mejor, todo lo contrario, mirar hacia otro lado solo te costará que el duelo vuelva más tarde y con más fuerza.  Volver al cole, donde es beneficioso que el profesor les explique la situacion que ha vivido el compañero (con él delante) con el fin de que se puedan resolver dudas y que en el colegio se sienta arropado. Volvemos al no hacer como que no pasa nada, en los colegios se sabe todo y los niños se acaban enterando.

Las fases del duelo en los niños son similares a las de los adultos, pero por lo general, lo asimilan y gestionan de manera más fácil que nosotros.

El duelo siempre es un proceso adaptativo que requiere tiempo. Los niños y los adolescentes necesitan también su tiempo para despedirse.

 

  1. Protesta: Es la fase de negación, de no aceptar que no va a volver a ver a la persona fallecida. Esta fase puede durar varios días, dependiendo de la edad y madurez emocional del niño.
  2. Desesperanza: Una vez aceptado el hecho de que no va a volver a ver a la persona que ha muerto, se abre una fase de apatía y querer estar solo. Pueden aparecer los sentimientos de ira, tristeza, culpa, cambios de humor…
  3. Transformación del vinculo: Se acepta y se integra la realidad de la pérdida. A partir de aquí vuelve la normalidad emocional.

 

 

En algunos casos por carencias afectivas o determinadas circunstancias el proceso de duelo puede complicarse. En los casos en los que la apatía y la tristeza se prolongan demasiado en el tiempo. Se dan conductas regresivas de manera continua, rabietas que ya habían cesado, fracaso escolar, aislamiento social o cualquier otra conducta que no fuese la normal del niño, indican la necesidad de buscar asesoramiento psicológico. Cuanto más lo dejes por querer en este caso “normalizar” de manera incorrecta, más difícil y complicado será solventarlo. 

En cuanto a las “habitaciones museo”, esas criptas donde se detiene el tiempo y todo se queda igual que cuando la persona murió, tienen que tener fecha de caducidad. Cada persona a su ritmo, poco a poco, pero deben ir quitándose las cosas. Mantenerlo durante años es indicador de que no se ha superado el duelo

Hay que dejar marchar para seguir viviendo de manera saludable por los que sí están.

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Los bebés también vivirán su duelo, siempre que haya habido conexión y vínculo con la persona que muere (sobre todo mamá, papá o hermanos) ellos también expresarán su dolor. Pero la capacidad de los niños de adaptarse y su flexibilidad es mayor cuanto más pequeños son.

La etapa más complicada, tal vez por los cambios que en si misma ya van implícitos es la preadolescencia. Ayudarlos a validar sus emociones y a ventilar emocionalmente será esencial.

El duelo es un proceso que hay que vivir, respetando los tiempos y la manera de gestionarlo de cada niño. Llorar o estar un tiempo apático no significa necesidad de llevar al niño al psicólogo, todo depende de la duración, la gravedad y la interferencia del duelo en la vida cotidiana del pequeño. Pero el duelo duele y hay que pasar por todas las etapas para cerrarlo de manera saludable. No sentir nada o hacer como que no ha pasado nada es lo verdaderamente preocupante y si habría que acudir a un profesional para evitar el enquistamiento futuro de las emociones reprimidas.

Para terminar os dejo algunas películas y libros para los más peques que seguro serán de ayuda a la hora de llevar el duelo. Podéis verlas en mi blog de lectura, aquí. 

Si quieres descargarte la guía de manera gratuita puedes hacerlo en la web www.segurosmeridiano.com

Aprovecho para agradecerles a Madresfera que contaran conmigo. Me encantó conocer a Mónica y a Rocío de Madresfera, sois majisimas espero volver a coincidir en breve 😉 Y gracias también a Uno Más, por agasajarnos con esa merendona y facilitarnos con sus instalaciones y sus monitoras que pudiésemos ir acompañadas de los peques.

 

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